Mucho swag

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“Tú no tienes flow“. Eso nos decíamos de broma en el instituto para picarnos y venía a significar algo así como “tú no molas, tú no tienes gracia”. Quizá usábamos la palabra flow y no otra porque se había puesto de moda: los aspirantes a raperos la tenían todo el día en la boca y de vez en cuando también la escuchabas en el reggeaton. Y nada mejor para burlarnos de tanta tontería juvenil que usar su propio lenguaje.

Hoy diríamos en su lugar “Tú no tienes swag“, que aunque no significa exactamente lo mismo que flow sí que indica algo parecido: ser guay, ser popular o molar más que un escaparate adornado con un buen puñado de furbys. Al final todo se resume en esa otra palabra que apareció hace unos años y que ya no falta en el vocabulario de todo adolescente, veinteañero, treintañero o alma joven en general: postureo. Que en resumidas cuentas no es otra cosa que presumir, alardear o fingir que eres la razón por la que el planeta gira.

furbysLos furbys sí que tienen swag.

¿Y cuál es el lugar donde se concentra la mayor concentración de postureo? No, no es en las discotecas, las reglas del juego cambiaron hace ya unos años. Efectivamente, el lugar por antonomasia donde encontrar postureo y morir de tanta felicidad fingida son las redes sociales. En Facebook, Twitter, Instagram y similares, asistimos cada día a un festín de frases de mundo de arco iris, fotos que demuestran que nuestra vida es muy interesante, instantáneas de viajes envidiables y declaraciones de todo tipo como si fuéramos líderes de opinión, creando y dando a mostrar a los demás una imagen de nosotros. La que sea.

Hace unas semanas fue noticia la ahora ex instagramer Essena O’Neill, una chica australiana de 18 años que decidió eliminar sus cuentas en las redes sociales para vivir una vida más real y en la que los números, los seguidores, los Me Gusta y demás chorradas no definieran quién era. Quizá se trate de una reacción un tanto extrema, al final somos nosotros mismos los que decidimos lo que mostrar y lo que no, cómo hacerlo, por qué, con qué finalidad… y cómo queremos que eso nos afecte. Pero, obviamente, si aún no eres adulto (con 18 años aún somos unos nenes, no nos engañemos) esto puede acabar afectando a tu propia concepción de tu vida y a tu autoestima, que es lo que le pasó a esta chica. Así que en parte puedo entenderlo.

Ejemplo de postureo. Yo también he pecado.Ejemplo de postureo. Yo también he pecado. Fotografía de Edgar Bahilo.

También es cierto que pocos nos salvamos de haber cometido errores en las redes sociales. Yo, la primera. Y cada red social es un entorno diferente con sus propias normas (no escritas normalmente) sobre qué compartir, cómo y cuándo hacerlo. Pero eso es otra (larga) historia. De lo que aquí se trata es de la imagen que sobre todo desde redes como Instagram se transmite de la sociedad en la que vivimos. Una sociedad en la que sólo lo bonito gusta y se quiere ver. Sólo unos pequeños pedazos de realidad modificados a base de filtros y otras herramientas de edición que conforman una visión del mundo mediada, o lo que es lo mismo, una visión no real de la vida.

Al final, un postureo elevado a más infinito que deja al desnudo una vez más nuestra naturaleza: que muchas veces nos desvivimos por ser aceptados, queridos y, por qué no, populares. Unos para sentirse mejor con ellos mismos porque les falta autoestima, otros para poder convertirse en influencers y poder vivir del cuento. A los primeros les recomendaría (de corazón, esto va sin maldad) ir al psicólogo para aprender a quererse y así no tener que vivir una mentira toda su vida. A los otros, les daría una buena colleja porque por su culpa cada vez abunda más ese tipo de gente que sin tener ni idea de nada se postula como “expertos en”, cuando hay profesionales con menos seguidores pero más estudios, más experiencia o más madurez que les pegan 100 patadas.

Parece que no tengo yo mucho swag. Repito ropa, sólo digo eso.Parece que no tengo yo mucho swag. Repito ropa, sólo digo eso. Fotografía de Edgar Bahilo.

Ojo, no digo que todos hagamos eso. Quiero pensar que muchos no buscamos la popularidad en las redes sociales porque eso nos trae sin cuidado y simplemente las usamos porque son divertidas; porque nos gusta tener un pequeño espacio en el que coleccionar nuestras “cosas”, nuestros recuerdos; porque queremos guardar el contacto con gente que conocemos; porque nos permiten conversar con personas de diferentes partes del mundo con las que compartimos un interés; o porque simplemente nos permiten una mayor participación en muchas áreas como nunca antes se había visto. Simbolo Visor Freidora

Resumiendo (que hoy se me ha ido de las manos la extensión del post), las conclusiones que extraigo de todo esto son las siguientes:

  • Hay demasiado swag y demasiado postureo en las redes sociales.
  • No es algo nuevo, al personal siempre le ha gustado fingir que mola mucho y que puff, qué hacemos que no estamos haciéndoles la pelota.
  • Lo mejor es pasar de estos aspirantes a swaggers, no vaya a ser que el pavo se les suba aún más a la cabeza.
  • No tengo mucho swag, nunca lo he tenido, pero la verdad es que me importa un bledo.

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