El lado cómico del drama

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¿Puede tener la más triste de tus miserias algo de gracia? ¿Aquello que más te hace sufrir? Aunque hay días en los que dudo, a veces me lo paso muy bien cuando hablo con mi mejor amiga sobre algo horrible que acaba de pasarme. Desde luego, no me estoy refiriendo a verdaderas desgracias, cosas que jamás nos deberían haber pasado o sucesos traumáticos. Más bien quiero decir el drama diario, ese que puede ser una discusión gorda con papá o mamá; cagadas, problemas y líos chungos varios del trabajo, etc.

Hay gente que sabe sacarle punta a las cosas. También, hay conexiones mágicas con otras personas que hacen que donde tú solo ves los escombros provocados por el huracán, con ellas además seas capaz de reírte a carcajadas por la mierda tan increíble, absurda e insólita que supone. Y, ¿qué hay mejor que eso? Espero que se me entienda: en la vida hay cosas maravillosas. Lugares a los que hay que ir, ropa con estilazo, comida absolutamente deliciosa, lo que sea. Pero la sensación de libertad que da el poder reírte de los asuntos que más te preocupan libera (nunca mejor dicho), da perspectiva y, como consecuencia, te hace más fuerte que tus circunstancias. Me atrevería a decir que reírte te salva, o que puede hacerlo.

No obstante, a veces es difícil sentirse libre en una realidad capitalista e hiperconsumista como la nuestra. La vida nos ata a muchísimas cosas, más de las que necesitamos. Y a mí la verdad es que me llega a agobiar las más de las veces. Al final, la gente se aferra (nos aferramos) a aquellos deseos, eventos, objetos (etc.) que pensamos que nos van a dar la felicidad, lo cual suele acabar en más quebraderos de cabeza. Yo, por ejemplo, he llegado a poner el corazón más de lo que querría en el trabajo (o posibles puestos de trabajo) y eso me ha hecho infeliz muchas veces. Cabra Barbari

Quizá entonces las preguntas que habría que hacerse son, primero, ¿en qué me centro para poder sentirme más libre? Y, a la vez, ¿cómo me descentro? Es decir, cómo me relajo, cómo me evado si las cosas no van como yo quiero. La verdad es que ni yo misma lo sé. No tengo la respuesta exacta a esas preguntas y puede que por eso mismo me encuentre ahora mismo escribiendo aquí. Lo único que sé es que escribir me tranquiliza, me ordena los pensamientos y me produce una satisfacción que no encuentro en ningún otro lugar. Y también, que me hacía mucha falta hablar con Marina el otro día, aunque fueran 10 minutos, con mi moño de mierda de andar por casa y mi atuendo clásico de pijama, que suele consistir en una camiseta de publicidad más una segunda pieza (normalmente el pantalón) del mercadito del barrio de hace más de 15 años (ventajas de haber parado de crecer a los 13, supongo).

No conozco a nadie que se ría tan bien de los dramas del día a día. Por eso, con ella siempre soy más grande.

El lado cómico del drama

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