-El este mola más -¡No! ¡El OESTE mola más!

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Recientemente noto más ganas de escribir de las normales, no sé si porque me están pasando muchas cosas, porque padezco de un (súper) ego que me domina o porque simplemente estoy viviendo una época de inspiración que debo aprovechar. Aunque seguro que un buen amigo del trabajo diría que es la segunda razón para trolearme, en el fondo quiero pensar que es una mezcla de todo.

El caso es que hoy, discutiendo sobre gustos musicales (me han pillado escuchando Alaska y los Pegamoides), al final me he acabado sintiendo como si me tuviera que disculpar por ellos. Ya sabéis, el típico «¿Te gusta eso? ¡Pero si es una mierda!» (gran argumento de autoridad, sin duda). Lo cual me ha dejado muy, pero que muy pensativa. También me ha recordado instantáneamente a la escena de Ali G en la que las dos bandas se pelean por qué parte de la ciudad mola más.

Juzgamos. Lo hacemos todo el tiempo. Unxs más que otrxs, es cierto, pero en mayor o menor medida, ahí están nuestras opiniones y nuestros juicios sobre lo que hacen los demás, su forma de vida, sus ideas, sus preferencias, sus decisiones… Yo soy la primera que lo ha hecho y la verdad es que desearía poder dejar la mente más en blanco cuando veo/oigo cosas que me llaman la atención por ser diferentes a mi forma de pensar.

No hablo de críticas constructivas, que siempre vienen bien para mejorar en cualquier aspecto. Me refiero a esos comentarios que no aportan nada y que, encima, no son demasiado respetuosos hacia nuestrx interlocutor. Esos comentarios, al final, son prescindibles. ¿Qué te va a aportar a ti o a la otra persona que le digas que su forma de vestir, el maquillaje que lleva, la música que escucha, el cine que ve, los libros que lee o los programas que decide ver en la tele son una basura, sólo porque tú lo pienses así? Y, ¿quién dice que tus preferencias sean mejores que las del de al lado?

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Puede que por desgracia se trate de un problema cultural más que de otra cosa, puede que juzgar sea una suerte de deporte internacional y que nos hayamos acostumbrado a oír ese tipo frases desde pequeños, asumiendo que es algo normal y que, por lo tanto, no tiene nada de malo. No hace falta irse muy lejos para comprobarlo: los medios escritos y online o la televisión están llenos de espacios donde se marujea o directamente se raja sobre personas públicas.

Criticar por criticar está bastante normalizado. Pero por muy normalizado que esté, no deja de ser lo que es: una desafortunada costumbre en la que la persona que juzga se cree superior a la otra y así se lo demuestra. «Lo que hago yo es lo que mola/lo bueno/lo deseable» es el rasero con el que se mide al o a la de enfrente. Una triste versión de «el este mola más», «el oeste mola más». Porque esa escena por lo menos era graciosa.

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