Ya no me da palo entrenar en top

Llevo desde 2011 pisando gimnasios de todo tipo.

Gimnasios mal ventilados y con una climatización de risa, sucios, con moho y una dudosa atención al público. Gimnasios más normales, en los que el personal finge que le importas mientras se centra en hacer caja con las operaciones vuelta al cole, post-Navidad y pre-playa, y en los que aunque haya una limpieza y una climatización decente y no te puedas quejar mucho, te acaban echando a patadas porque los ciclos están bien vistos pero el magnesio, ¿qué me estás contando del magnesio? ¡Con lo que mancha! (Nótese el sarcasmo).

Holi 😁

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Finalmente, también he estado en gimnasios donde te tratan de lujo, normalmente centros de halterofilia o de CrossFit, en los que entrenar bien es lo que cuenta y el magnesio no sólo es bienvenido, sino que hay por todas partes (aunque habría que matizar que sólo he podido entrenar en estos sitios con invitación o pase de prueba, porque no me da ).

A lo que iba: venía yo a hablaros de que ya entreno en top

Tras esta breve introducción, dejadme que vaya al grano: el pasado mes de agosto por fin conseguí quitarme las tonterías de encima y entrenar en top. Para mí ha sido todo un logro principalmente por lo siguiente: me daba palo, vergüenza, corte, whatever. Unos motivos bastante poco consistentes que digamos. Y vencer tales reparos me ha costado unos cuantos años.

Quizá no os sorprenda cuando os diga que en mis primeros años de gimnasio, aquellos años para olvidar en los que no tenía ni pajolera idea de entrenar y me pasaba la vida en clases dirigidas de esas que no sirven para nada (de 2011 a 2014), me vestía como un saco de patatas para ir al mierdicentro que frecuentaba. Pero literalmente. Llevaba unos pantalones cortos de chico heredados que me estaban algo más que grandes (me llegaban por la rodilla) y camisetas de tirantes corrientes y molientes (una mezcla explosiva, sí ). Y hacía esto por una razón muy sencilla: no quería que absolutamente nadie me mirara ni se fijase en que yo estaba por allí. Me sentía tan torpe y tan poco a gusto con mi cuerpo que lo mejor para mí en ese momento era pasar desapercibida. Por suerte no conservo ninguna foto con ese atuendo 

Vuelta a la rutina…

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Luego llegó la temporada de 2014 a agosto de 2016, cuando ya llevaba algo más decente para entrenar y que consistía en un par de pantalones cortos deportivos de Nike y Adidas que conseguí por un precio increíble (algo así como 10€ cada uno) en las rebajas del Corte Inglés y que a día de hoy sigo llevando, con unas camisetas de marca que compré en el Sports Direct (cadena de outlets cani en la que a veces encuentras verdaderos chollos) cuando vivía en Inglaterra y que también me costaron tiradas. Y podría decir que estaba satisfecha y sigo estándolo con mi par o mi trío de conjuntos que me ponía y me pongo para ir al gymbo.

Sin embargo, en verano lo seguía pasando mal porque, veamos, cómo lo digo: las tetas SUDAN. O al menos a mí, al tener un pecho de talla media pero voluminoso, me sudan que no veas porque yo en general sudo con facilidad. Y bueno, qué os voy a contar: ha habido días este verano en los que casi muero por calor y sudor extremo (a todo esto, no entiendo por qué los sistemas de ventilación suelen estar tan mal diseñados en los gimnasios. Hay mucha gente que ha estudiado Ingeniería que los arreglaría pero bien rápido).

De chopar la camiseta a entrenar libremente en top

Un bonito y soleado día de agosto de 2016 en el que me encontraba de vacaciones, mandé a mis miedos y a mis cortes a tomar viento fresquísimo de una vez por todas. Vale, lo hice en un gimnasio en el que nadie me conocía para asegurarme de que nadie me fuera a hacer ningún comentario ni a mirarme más de lo normal. Y no pasó nada de nada. Bueno, sí: que me sentí completamente LIBRE.

Libre de miedos y prejuicios para ponerme lo que quisiera para entrenar, fuera camiseta en invierno o top en verano. Porque, esa es otra: antes pensaba que si entrenaba así no pararía de tener moscones. Y debo decir que desde que lo hago sólo he tenido un único problema y ha sido además con un monitor al que le tuve que acabar llamando la atención por su falta de respeto. Sí, tan exagerado fue. Salvando esa excepción, la gente va a lo suyo y paso bastante desapercibida porque cada vez somos más las que mandamos a freír espárragos los reparos y entrenamos cómodamente, sea en camiseta normal, en tirantes, con top, con shorts o con lo que nos venga en gana 

Holi, estoy entrenando guay en un gimnasio de Santander 💜 La gente nos mira 😂

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One Reply to “Ya no me da palo entrenar en top”

  1. francisco sanchez dice:

    tienes que entrenar como mas comoda te sientas simpre que luego te adaptes ala bestimenta de la cmpeticion

Los comentarios están cerrados.