Vivir relaxing (cup of café con leche)

Levantarte justita o con tiempo. Desayunar. Ducharte. Vestirte. Irte corriendo para el currele, bien andando deprisa o bien cogiendo el autobús o el metro (si tienes la suerte de poder pagarlo). Dejar que te succionen la vida un poquito en la oficina que has llegado a odiar, y eso si tienes suerte (eres afortunada, dicen: otras no tienen trabajo). Estrés y presión a raudales: sabes que al menor error vas fuera. No eres imprescindible: si no lo haces tú, lo hará otra y quizá gratis, la necesidad no disculpa.

Necesidad de experiencia o de algo de dinero, tampoco mucho, porque a lo mejor unos papis pudientes pueden mantener al retoño mientras ella (o él) vive sus aventuras emprendedoras con una vendaje en los ojos que no le permite ver lo perverso de la situación. Llegar a casa y no tener tiempo ni de pensar en ti misma, lo primero es el trabajo que te da (poco) de comer. Que pasen los meses y te llegue una factura: un paquete king-size de ansiedad y frustración ante el cual finges sorpresa. Pero recuerda no quejarte: si puedes soñarlo, puedes lograrlo; trabaja duro y recibirás tu recompensa; los inicios son difíciles, es normal y esperable que no ganes ni para pipas; deme, señor o señora, un poquito más fuerte. Y desde el momento en que te das cuenta de que todo esto resulta normal o incluso bueno para una parte demasiado grande de la población española sabes que es el momento de marcharte. Porque sí: hay vida más allá de la esclavitud. Solo que esa vida se suele encontrar fuera de España.

Han pasado 9 días desde que me mudé a Suecia y llevaba 16 sin escribir. Hoy por fin vuelvo a tener fuerzas, pues lo cierto es que es un cambio grande, sobre todo por el clima y la cuestión luz-vitamina D. Parecerá una nimiedad, pero afecta que te cagas. Básicamente ahora estoy empezando a entender el tema hibernación porque me he convertido en una marmota humana (ojalá real, que son muy monas). Pese a ello, estoy contenta. Bastante contenta. Pese al tiempo (el otoño es un no parar de llover, estilo lluvia torrencial valenciana) y pese al luto, pues el papá que mi papá me enseñó que me cuida siempre desde probablemente otra dimensión (esté demostrada o no la teoría de las cuerdas) vio que el tiempo de mi inseparable mejor amigo y compañero de vida durante estos últimos 7 años y 8 meses, el tiempo del anciano Pushkus (en la dimensión-cielo de los cavia porcellus, probablemente el patriarca de las cobayas con un bastoncito hecho con una ramita en una de sus manitas y una aureola bien apañada sobre su estiloso flequillo) debía terminar porque al pobre ser se le antojaba ya algo complicado el tema de la digestión. Y supongo que habrá pocas cosas que molesten más a una cobaya que no poder producir esas caquitas tan perfectas que expulsan por su bonito y redondo trasero. Pues eso es, todo muy bien pese a todo. Y pese que a mis papis y mis amigas del alma las tengo un poquito lejos, pero no hay nada que una llamada o vídeollamada de WhatsApp no pueda solucionar (si bien no es lo mismo, pero ya me entendéis).

Por si acaso: eso que parece un montón de estiércol en el agua en realidad es un reflejo de los árboles. En otro orden de cosas, ese es mi barrio.

9 días son pocos días en realidad, pero te pueden cambiar el chip totalmente. A ver, lo mío también tiene truco porque anteriormente ya había estado en Suecia 3 veces y un total de 30 días y yo ya me conocía esto un poquito. Al menos la parte buena. Porque la de los trámites burocráticos es para contar en un relato de corte épico y ambientado en un ecosistema medieval para darle más interés, intriga y diversión. Pero todo lo demás hace las delicias de esta que escribe. Me gusta la comida. Me gusta la ciudad donde vivo. Me gusta la cultura de la fika y en general la cultura sueca. Me gusta aprender sueco. También me gusta conocer a gente nueva y volver a encontrarme con amigas que ya había hecho. Me gusta que me paguen los desplazamientos cuando tengo una entrevista de trabajo. Me gusta cuando incluso me tratan bien en una entrevista, me vayan a elegir o no. Me gusta cómo se paga al empleado acorde a su experiencia y sus estudios. Me gusta lo decentes y dignos que son los salarios aquí. Y me gusta lo sorprendentemente acogedora y amable que puede ser la people sueca cuando te interesas por ella y chapurreas su idioma (lo valoran aunque vaya a pedales). Me gusta cómo se vive sin presiones innecesarias en este país, sin atosigar a la gente ni exprimirla en el curro (es que, ¿para qué?). Me gusta cómo se valora el tiempo para una misma, sea para la familia o para tus hobbies. Me gusta que el deporte de fuerza esté más normalizado y que la gente cuide y deje en su sitio el material después de usarlo. Me gusta ver cómo gente tan distinta y de tantos lugares del mundo puede convivir sin problemas.

Me gusta vivir relaxing (cup of café con leche). Espero que siga así 🙂

2 Replies to “Vivir relaxing (cup of café con leche)”

  1. […] un correo importante o a que te traigan un paquete. No siempre pasa, pero es bastante habitual. La cara buena es la calidad de vida. Los días suelen transcurrir tranquilos y rápidos. Y de alguna manera, aprendes a tener paciencia […]

  2. […] motivo por el cual también he dejado un poco más de lado los temas de ilustración y cultura para darme más espacio a mí y a mis pensamientos, algo que consideraba importante como parte del proceso que estoy viviendo. […]

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