Ventajas e inconvenientes de vivir con una cobaya

Muchos de los que me conocéis sabéis que tengo un compañero de habitación bastante peculiar: una cobaya. Sí, comparto mi cuarto desde hace cinco años con conejillo de indias, roedor gigante, rata peluda o como lo queráis llamar. Y la verdad es que ya no imagino mi vida de otra manera.

El niño vive en total libertad (nunca he querido encerrarle en la jaula), tiene totalmente colonizado el suelo de la habitación y puede que su día a día sea mejor que el de muchos seres humanos: le dan de comer, le limpian la casa, le soban y le hacen casito, hace lo que le da la gana, no se ha de preocupar por trabajar y tiene la vida completamente solucionada.

Pushkus dormido

Yo, que soy la que convive con el bicho y se reparte las zonas de influencia, puedo decir que (como todo en esta vida) tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Empezaré por estos últimos, que no son pocos:

  • Es una máquina de comer. Siempre hay que tener provisiones en la nevera.
  • Por las noches puede ser como un bebé. Hay temporadas en las que está muy activo y puede despertarme más de cinco veces.
  • Cuando está en celo (la mayor parte del tiempo) está hiperactivo y no me deja estudiar. Lo he de trasladar a otro cuarto durante unas horas porque si no es imposible.
  • Cuando quiere comida (que es muy a menudo) grita mucho (por si no lo habéis oído nunca, hacen algo así como “cui, cui”) y a veces no para hasta que le das algo. Lo que sea.
  • No es muy dado a la higiene personal. Y si lo lavo ya se encarga él de recuperar su olor natural en menos de un minuto.
  • Cada vez ensucia más rápido la jaula. He pasado de cambiarla una vez a la semana a hacerlo cada tres o cuatro días, depende de lo que cuide su casita.
  • Recién cambiada y limpiada la jaula, una de las cosas que más le gusta hacer es adornarla de nuevo con sus cositas. Porque si no, no huele a él.

Pushkus tumbado

Pero por muy salvaje que parezca el animal, tiene unas cosas que no cambiaría por nada:

  • Es muy cariñoso.
  • Hace mucha compañía.
  • Le gusta estar con gente y que jueguen con él.
  • Si estoy sentada en la mesa trabajando y el suelo no está frío (normalmente a partir de primavera) le gusta sentarse en mis pies y ahí se puede quedar dormido un buen rato.
  • Me sigue adonde vaya. Es muy gracioso.
  • Si le hago señas, viene.
  • Ya no paso miedo por las noches porque sé que todos los ruidos que oigo los hace el conejo. Sí, siempre he sido muy miedosa.
  • Si estoy triste lo puedo coger y sobar.
  • Está muy suave y blandito.
  • Le puedes peinar, cortar el pelo, lavar…
  • Tumbarse con él es muy tierno porque se acaba quedando dormido hecho una bola. Cuando se duerme, mueve las orejas y los bigotes. Me gusta mirarlo.
  • Te enseña lo que es cuidar a alguien. Aunque ni de lejos se parezca, quizá me ayude a prepararme por si algún día soy mamá de un niño humano y no de un roedor.

Pushkus

Aunque puede que parezca que vivir con un conejillo de indias sea una odisea, a mí me compensa con creces. Amo a mi señor ratero desde el día que vino a mi casa y no sé qué haré el día que falte porque la vida es más divertida con él. Por muchos cuidados que requiera, a mí me encanta ocuparme de él y me he acostumbrado a esa rutina que ha creado en mi casa. Así que si os gustan los roedores ya sabéis.

3 Replies to “Ventajas e inconvenientes de vivir con una cobaya”

  1. […] Me encantan los roedores, incluyendo las ratas. Pero debo decir que mi debilidad son los conejillos de indias. […]

  2. […] sarcasmo. Como habréis deducido, lo que he hecho ha sido describir básicamente la apariencia de Pushkus, una cobaya peluda y de larga cabellera. Todo lo que he dicho es sencillamente su físico, lo esperable en un conejillo de indias de este […]

  3. […] Nota anecdótica final: Al parecer, mi casa está llena de Rattatas. No deja de ser gracioso ya que vivo con un Pushkus. […]

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