Un cuento de nuestro tiempo

Hoy os voy a contar un cuento de nuestro tiempo. Una historia retorcida y perversa en la que abundan los personajes malévolos y de dudosa moral cristiana pero en la que por suerte hay un final feliz. Os aseguro que la sorpresa, la ironía y el entretenimiento están asegurados:

“Érase una vez, en un país muy precario, una estudiante fue elegida en un proceso de selección para trabajar de profesora a tiempo parcial. En un principio, pensaba la jovenzuela, no podría pintar mejor: el lugar de trabajo se encontraba cerca de su dulce hogar, el sueldo era mejorable (aunque con las horas que iba a hacer podría ahorrar) y las tareas que debía desempeñar (dar clases) se las sabía de memoria.

Madam Mim, antes de convertirse en una real bruja.
La brujefa, antes de convertirse en una real bruja.

Todo pintaba bien hasta que comenzó su peripatética experiencia en la que conoció a los más extravagantes y esperpénticos personajes. El primero de ellos fue la profesora a la que ella fue a sustituir: le habían despedido por hacer una entrevista de trabajo en otro lugar (!). A pesar de que nuestra protagonista nunca la conoció en persona, las historias alrededor de ella se tornaban cada vez más cercanas y reales. Otro personaje que tuvo la desdicha de conocer fue la brujefa, una víbora con forma humana.

Más adelante, la “nueva” profesora conoció a la vasalla, incondicional de la brujefa que se encargaba de las difíciles tareas administrativas. Veleta donde las hubiera, era de esos seres que ponen buena cara y se hacen los simpáticos, pero luego apuñalan vilmente por la espalda si hace falta para no enfadar a la brujefa. Por último, los mandados eran una masa de jóvenes pasiva y sumisa a excepción del colega normal, quizá la única persona auténtica en comparación con el resto de la fauna que habitaba en aquel lugar.

Tengo miedito.
Qué miedito.

“La nueva” comenzó pues a trabajar sustituyendo a la compañera despedida. La primera semana transcurrió con normalidad. Durante la segunda, la protagonista se percató de que no tenía vida pero aun así siguió adelante. Fue en esa semana cuando firmó su ansiado contrato, el cual, sin embargo, le decepcionó: se trataba de un contrato de mierda de broma en el que figuraba que ella se encontraba de prueba durante dos meses (!). Le recorrió un escalofrío al leerlo, pues le podrían despedir hasta por tirarse un pedo. También esa semana se le informó de que, en caso de haber algún festivo, esas horas no se cobrarían. Entonces la “nueva” se dio cuenta: aquello iba por horas y san seacabó. Se trataba, nunca mejor dicho, del temido Contrato de Obra y Servicio por horas.

Así ocurrió todo hasta la tercera semana, cuando se dio cuenta de que en realidad no trabajaba las horas asignadas sino que en casa seguía el festín (el ligero detalle de preparar las clases, buscar juegos, recortarlos y ensayarlos, corregir actividades, etc.) y apenas dormía, pues también tenía que prepararse los exámenes. Por si fuera poco, el colega normal le informó de un dato importante sobre el feliz lugar al que había ido a parar. Resultaba que las horas no las pagaban como le dijeron a la “nueva” en la entrevista sino que una parte la daban en A y otra en B. Qué pequeño olvido. Esto asustó aún más, si cabe, a la heroína de nuestro cuento. Sin duda, lo tendría en cuenta por si se les ocurría hacerle la trece catorce.

Tengo que salir de aquí. Contratos precarios, caca.
“Tengo que salir de aquí”, pensó la protagonista.

Así llegó la cuarta semana, en la que la “nueva” llegó a la conclusión de que todo el trabajo que estaba invirtiendo en aquel lugar no le compensaba ni económica ni profesionalmente. Decidió buscar alternativas. Una de ellas fue una empresa muy molona que se dedicaba a la profesión soñada de la protagonista. Sin pensarlo dos veces, preguntó por un proceso de selección abierto en aquellos momentos. Por desgracia, ya lo habían cerrado. Ella, aun así, envió su candidatura por si acaso. Transcurridas apenas unas horas, la empresa le contestó: le harían un hueco, le querían allí. A la “nueva” se le abrieron las puertas del cielo. Pero ahora se presentaba otro problema: debía planear una estrategia para escapar del trabajo juvenil basura en el que se había metido sin saberlo.

A todo esto, la brujefa hacía tiempo que ya no disimulaba ni sus malas formas ni su mala educación y la protagonista sabía que enfrentarse a ella requeriría valor. Pero ella no se acobardó. Llamó a una amiga abogada para que la aconsejara. Lo importante era no decir que había encontrado un sitio mucho mejor porque entonces la sacrificarían viva. La clave sería el estrés. La ansiedad pre-exámenes. La amiga, como buena entendida, le dijo que no tenía nada que temer pues se habían cavado su propia tumba: un contrato de prueba se podía romper sin explicación alguna y sin previo aviso por cualquiera de las partes.

Cuarta parte: el duelo.
Cuarta parte: el duelo.

Un jueves, armada de valor, la “nueva” fue a avisar. La brujefa la miró fijamente y con cara de “si puedo acabo contigo”. Así que comenzó el duelo diciendo: “¿Pero no deberías avisar con 15 días de antelación?” A lo que la protagonista respondió: “Me habéis hecho un contrato de prueba de dos meses y eso significa que tanto el contratante como el contratado puede romper el contrato sin motivo alguno”. A continuación, la brujefa dijo: “Ah, ¿tienes un contrato de prueba?” Esta respuesta sorprendió a la “nueva”, quien encontró muy extraño que, como brujefa, no supiera el tipo de contratos que hacía. Ella respondió con un: “Claro. Me hicisteis un contrato de prueba de dos meses”.

La brujefa emitió un “Ah” y de repente descubrió su verdadera cara: la de bruja malvada. Así que, en el tono más borde que encontró, comenzó a echarle cosas en cara a la “nueva” tales como que no podían estar cambiando cada dos por tres de profesor (llevaban ya cinco cambios en un curso). Ante aquel discurso, la protagonista se calló (era lo más inteligente) aunque en el fondo pensara que si la gente se iba sería por algo. Sería porque hacían contratos basura. Sería porque contribuían al empleo precario juvenil. Sería porque ofrecían unas condiciones de vergüenza mientras se estaban forrando (alumnos tenían por un tubo). Sería porque al final no compensaba.

Madame Mim digievoluciona.
La brujefa digievoluciona.

Ese mismo día por la tarde, miradas. Todo eran miradas raras. Ella no lo entendía, no tenía ningún problema en explicar su historia a quien le interesara y no hacían falta esas maneras por parte de sus compañeros. El viernes por la tarde, tras finalizar por fin sus clases, le dieron unos papeles con su supuesta nómina: efectivamente, faltaba dinero (la parte en negro) y se la iban a intentar colar otra vez. Como mujer inteligente, no lo iba a permitir. Sabía perfectamente que lo que le habían ingresado era la parte en A y que se estaban haciendo los longuis con la B.

Pero optó de nuevo por la mejor estrategia: hacerse la tonta y solamente decir que habían contado mal porque en teoría ella no sabía ese ligero detalle y tampoco quería poner en peligro a su colega normal. Llegó el lunes y la “nueva” se acercó de nuevo al inframundo acompañada de su progenitor para cobrar lo que le debían, pues sabía que la brujefa iba a tomar la forma del monstruo final de Super Mario.

Al final, el tiro le salió por la culata a la bruja.
Al final, el tiro le salió por la culata a la bruja, digo a la brujefa.

De hecho, la mujer no sólo fue borde sino que además le gritó y le habló de malas maneras a la protagonista, poniendo incluso caras, todo esto delante del padre. La joven valiente no se imaginaba cómo habría sido aquello de haber ido sola. Ella en todo momento habló bien y simplemente decía que no entendía por qué faltaba dinero, a lo cual la brujera se enervaba más. Este comportamiento le recordó al de una niña mimada que patalea cuando las cosas no salen como ella quiere.

Su versión de la historia era que no faltaba dinero, que sólo le tenían que dar “la otra parte” (¿?). La protagonista se calló y esperó a que la brujefa contara las horas que había hecho porque no se fiaba de las que la joven heroína le había dicho. De nuevo, le volvió a salir el tiro por la culata porque le salieron más horas de las que había contado la “nueva”. El karma te devuelve lo que le das, queridos lectores.

Finalmente, la brujefa le dio a regañadientes la parte que le faltaba. La joven se fue a casa y sintió alivio por haberse librado de tal esclavitud. Le esperaba una etapa nueva con gente normal, con valores y con un proyecto que le motivaba. Sólo sintió lástima por las dos chicas que le iban a sustituir porque eran carne de cañón”.

Moraleja:

  • Papás y mamás, vigilad adónde lleváis a vuestros hijos. Si es muy barato y cambian cada dos por tres los profes lo más probable es que el lugar sea un nido de empleo juvenil basura. No querréis además que la gente aguante. Informaos antes de cómo está el patio y si habéis cometido un error cambiad a vuestros hijos de centro. Si tenéis ciertos valores, claro.
  • Jóvenes en busca de empleo, evitad los centros de formación y de repaso. Casi todos hacen chanchullos. Antes de aceptar nada buscad información y preguntad. Y en caso de que os engañen en la entrevista, si os hacen contrato de prueba ya sabéis las opciones que tenéis. Si os da lástima, pensad que la empresa no tendría ningún inconveniente en despediros sin motivo alguno y de un día para otro.