Sí. Yo también

2000

Julio. Mi mejor amiga y yo, que entonces teníamos 11 años, fuimos a entrar al portal de mi casa y detrás de nosotras se metió un tío muy raro. Nos empezó a preguntar que si allí no vivía no se quién, una a la que le gustaba mucho follar. Nosotras, asustadas, nos metimos en el ascensor. Él abrió la puerta, se coló y se sacó el rabo. Encerradas ahí con él, empezamos a gritar sin remedio y a llamar a mi padre. Él se asustó y se fue corriendo. Mis padres llamaron a la policía y estuvieron animándonos toda la tarde. Mi amiga se pasó un mes sin salir de casa sola. Yo, por suerte, solo una semana.

2007

Yo estaba en 2º de Bachillerato y había empezado a salir con mi primer novio. Dado mi background familiar (mis padres son muy creyentes y me crié en un movimiento religioso que a veces peca de fundamentalismo), los chicos de mi clase creyeron graciosísimo hacer una apuesta conmigo, con el total apoyo de JL, el orangután en cuestión. La apuesta consistió en sortear mi virginidad. Unos apostaron que yo no me acostaría jamás con JL porque era muy religiosa por entonces. Otros, que caería. Repito, con el total beneplácito de JL y, además, contento de que sus mejores amigos le apoyaran a él. De esto me enteré unos 3 años después.

2007

Felicidades, excompañeros de instituto, porque yo ya tenía relaciones con JL. Aunque no sé si cuenta del todo: estuvo tan pesado con el tema sexo durante tanto tiempo que yo al final cedí, cuando en realidad no quería.

2008

Plot twist: cuando decidí cortar con JL en julio de 2008 me dijo que se arrepentía ahora porque, claro, ya había abierto la veda y ahora podría tener relaciones con otros chicos ¿?

2009

No recuerdo exactamente si ocurrió el 30 o el 31 de enero. Yo estaba a punto de cumplir los 20. El caso es que semanas antes, tras mucho tiempo insistiendóme en tomar un café, cedí porque ya no me quedaban excusas y el chico en cuestión no entendía el concepto de “no”, y quedamos dentro de un grupo de amigos Erasmus varias veces. La noche del 30 o el 31, aquella noche de enero, se me fue de las manos y me puse un poco bastante borracha. El pesado aprovechó la ocasión y nos besamos. Me preguntó si quería que fuéramos luego a su casa y yo, que por entonces era aún bastante inocente y me fiaba en general de los chavales, le dije que vale. No, no se me había pasado por la cabeza que quisiera sexo.

El caso es que una vez allí, me tumbó en la cama boca arriba, se sentó encima de mí para que no pudiera moverme, me desabrochó el botón del pantalón con bastante ansia y me bajó la cremallera, mientras yo forcejeaba e intentaba defenderme como podía porque estaba muy borracha. Acabó desistiendo, pero por lo menos tenía que intentar hacerle una felación. Días después, me habló por Facebook para que me quedara claro que no habría pasado nada si no hubiera bebido tanto y que básicamente la culpa había sido mía, con lo que aquello de contarlo por ahí mejor no lo hiciera porque iba a salir perdiendo, sobre todo por mi novio. Un mes después se lo conté a Jan, mi novio alemán, pero el pobre no me entendió mucho hasta tiempo después, cuando él mejoró su español y yo mi alemán. Un día que volvimos a salir con algunos de los antiguos amigos de Jan y míos comprobé horrorizada que se había metido en ese grupo, mi grupo, y que, para mi asombro, parece que a varios de ellos les había contado una historia diferente: que yo había estado tonteando con él y que le había puesto los cuernos a Jan. Se lo conté a mi mejor amiga medio en broma porque no alcanzaba a entender lo que había pasado, cómo y por qué. Amiga con la que él habló por equivocación también por Facebook en un momento dado, y a la que sin venir a cuento lo primero que le dijo fue que él “no había hecho nada”.

2010

Un hombre que iba en bici pasó por mi lado, me manoseó el culo y se fue pitando. De nada sirvió que yo corriera tras él y gritara lo que me había ocurrido para que la gente me ayudara a cogerlo. Nadie se inmutó.

2010-2014

Durante estos años, varias de las que fueron mis parejas me dijeron que no tendrían relaciones si no me tomaba las pastillas anticonceptivas. Directamente no me obligaron, nadie me forzó. Pero pobres, es que no sentían nada y yo, que tenía que ser caritativa, pues hice bien de abnegada y buena novia para que se callaran y me quisieran, porque yo entonces no me quería nada.

¿Por qué?

¿Por qué ahora? ¿Y por qué estamos enfadadas? ¿Que por qué estamos así de furiosas? Estamos cansadas. Cansadas de ser siempre objetos de. Objetos de veneración, de admiración. Pero también de acoso, de abuso, de discriminación. Objetos de deseo con los que satisfacer las necesidades del que mira o del que nos habla. Os contaré algo fascinante: somos PERSONAS.

Sí, yo también. Yo también he sufrido situaciones de acoso por el simple hecho de ser una chica. Y lo de antes, lamentablemente, es un resumen de lo más destacado. No soy la única. Sin ir más lejos, solo dos de mis amigas han tenido la suerte de que no les haya ocurrido ningún incidente de cualquier tipo. Por otra parte, y casualmente, nadie tiene amigos que reconozcan ser unos pesados, no entender un no por respuesta o actuar como depredadores. Nadie reconoce nada. Tenemos víctimas, muchas, muchas víctimas. Pero, oh wait, no tenemos acosadores. De repente, no tenemos sujetos que realicen esas acciones.

Estamos cansadas. Muy cansadas. No esperéis que nos escondamos más. No esperéis que nos callemos más. Esto es una lacra social. Y no: no solo existen víctimas. También existen culpables. Y, sorpresa: no son las víctimas. Sorpresa: no fue culpa mía. Sorpresa: ya es hora de que aceptéis vuestra responsabilidad y culpa; la excusa del alcohol no sirve. Y, oh, cielos, no puede ser posible, pero sí: tenéis un problema muy grave. Por lo que quizá va siendo hora de que os reviséis y os cuestionéis. El mundo, el espacio público, los puestos de trabajo, la educación, las aficiones, los dones, la familia, las amistades, el amor, todo: nos pertenece a todes y no solo a vosotros.

PD: A día de hoy, soy una persona completa y feliz. Pero eso no quita que todos esos momentos resulten para mí los recuerdos más negros de mi vida. Eso no quita que no deba señalaros porque ya, la verdad, es que no podéis hacerme daño. Y lo hago ya no por mí, sino por mis compañeras. Nosotras sí somos manada.