Quiero ser una foca

Quiero ser una foca. Una enorme, mastodóntica y feliz foca. Una de esas con largos y frondosos bigotes que se mueven al viento. De esas que tienen manchas de colores en su grande y poderosa panchita. De esas que viven en algún lugar perdido en una naturaleza casi virgen, lejos del mundanal ruido. Aunque, todo sea dicho, tampoco me importaría ser uno de esos guapísimos ejemplares que pueblan la reserva de la Península de la Magdalena, en Santander.

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Cada día, me levantaría con el sol, me deslizaría por la orilla y me sumergería delicadamente en el mar para nadar y deleitar a peces, bichos marinos o visitantes con mi hipnótico y pacífico movimiento. Pero yo no lo haría para que me admiraran. Lo haría por mí. Sé que disfrutaría nadando libre por las aguas y presumiendo de mi innata habilidad para desplazarme por las aguas no sólo efectivamente, sino además con elegancia y estilo propio. El de una grande, pesada y bella foca, como es natural.

Mi peso sería una nimiedad, una tontería. Las focas, qué sé yo, no se preocupan de esas cosas. Es lo que les hace lo que son, es lo que les da vida, lo que les hace únicas y características. Yo, de hecho, siempre pensé que la palabra foca jamás debería haberse convertido en un insulto, porque para mí no hay nada más fantástico que una foca. Para mí, y quizá para otra gente. Y quien no encuentre interesantes y divertidas a las focas es que igual no ha tenido el placer de ver una en todo su esplendor.

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Feliz. Viviendo su vida, haciendo sus cosas. Nadando para aquí, para allá. Para un lado y después para el otro. Sacando su graciosa nariz para coger mucho, mucho aire, y volver a sumergirse. Jugar un rato a estar escondida debajo del agua o buscar simplemente un poco de intimidad durante unos minutos, para a continuación volver a subir a respirar, a que le dé el solecito, a ver qué se cuece. O irse a las rocas o a la arena, a tumbarse y a lucir sus lindezas como quiera, junto a sus compañeras, sin que nadie la juzgue por posturas o comportamientos indecentes, alocados o maleducados, ya que siendo foca y no persona esto no sería objeto de ningún juicio moral.

Y qué decir de mi conducta social. Si fuera una foca haría y desharía, desempeñaría cualquier tipo de tareas foquiles sin tener que recibir comentarios por lo apropiado de la situación, por si este o aquel es lugar para una señorita, por si de verdad puedo o no puedo hacer burbujas en el agua tan bien como afirmo (algo que no sería tan sorprendente, pues de mis cualidades han dudado muchas personas. En España, cabe añadir). Podría hacer lo que animalmente me viniera en gana sin suspicacias, envidias, malas maneras y demás cosas humanas. Mis focas amigas o conocidas también pasarían bastante del tema porque muy probablemente actuarían de la misma forma que yo, importándoles un pláncton y medio lo que quienquiera se atreviera a pensar de ellas o decirles.

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Seríamos focas y punto. Seríamos muy focas y muy libres. Vale, sin trabajo estable, freelance o de cualquier tipo. Sin hobby, sin algo creativo de lo que presumir. Pero seríamos libres, al fin y al cabo, por mucho que siempre hiciéramos las mismas cosas, por mucho que fuera verdad aquello de que tuviéramos una misma rutina todos o casi todos los días del año y que igual no contáramos con eso conocido como libre albedrío. O sí, quién sabe. Nadie estaría en nuestra cabeza.

Nadie dictaría normas para nosotras para que estuviéramos quietecitas, tranquilitas, sin desarrollar conciencia o espíritu crítico, limitadas a una parte del mundo: la que nos estaría permitida por una élite, a la que nos educarían en el cole y en la tele. No, eso no nos limitaría. No conoceríamos aristocracia alguna salvo la de nuestra mamífera alcurnia, sin duda la mejor y única nobleza que debería existir. O la de nuestros bigotudos genes, de los cuales no nos sentiríamos orgullosas porque no tiene ningún sentido. Nos tocarían los que nos tocarían y nosotras los aprovecharíamos de la mejor manera que pudiéramos, y no dudaríamos en mezclarnos con esta o aquella foca que es diferente a nosotras, porque sabríamos que así se mejora la especie.

Si yo fuera foca ahora mismo no estaría escribiendo esto. Y no sabéis cuánto me gustaría.

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