Oye, está bien…

No sé si lo he contado alguna vez, igual sí: me encantan las revistas en Reino Unido. En concreto, adoro Glamour UK, lo cual no deja de ser increíble porque odio Glamour España (sí, una misma cabecera puede ser lo mejor y lo peor dependiendo del país). Una de las secciones que tiene más éxito se llama “Hey, it’s OK…”, algo así como “Oye, está bien…”. Apenas ocupa una página, como uno de esos perfumes de lujo que se venden en formato mini. En realidad, las frases que aparecen, si se juntaran, no llegarían a ocupar un texto de media página.

Es una sección pequeña, pero brilla con luz propia. ¿Y qué es lo que la hace tan especial? Las frases, nada más. Promueven tratarnos con amabilidad, con amor, con paciencia, como trataríamos a nuestra mejor amiga, como trataríamos a una persona especial. Porque, ¿por qué nosotrxs no? Cosas como “Oye, está bien pasarte una tarde entera viendo Netflix porque has tenido un día horrible, o porque sí”. Cosas del tipo que deberíamos decirnos diariamente para estar y sentirnos bien.

En un mundo que pide rapidez en todo, en un mundo en el que la mercantilización ha llegado hasta a las personas (somos un número, una persona a la que hay que pagar, una persona que molesta si es lenta, una persona que es incómoda si no se calla ante injusticias, etc.), en un mundo en el que apenas se nos permite fallar o ser débiles en algunos momentos, el hecho de tratarnos bien, permitirnos cometer errores, permitirnos sentir y sufrir, permitirnos el duelo, en fin, permitirnos ser humanos, ésa es la verdadera revolución.

Estuve de nuevo en Londres hace algo más de un mes y volví a comprarme Glamour UK, y ahí seguía, como siempre, “Hey, it’s OK”. Como si los años no hubieran pasado. Había cambiado un poco, no sólo en la maquetación, sino también en los contenidos: ahora las seguidoras podían sugerir las frases que se dicen a sí mismas a través de las redes sociales de la revista. Y todas esas frases de las redactoras y las lectoras juntas, todos esos mensajes tranquilizadores y bonitos hacia ellas mismas (y hacia las demás que las leemos) me pareció algo muy bonito y subversivo a la vez.

Y ahora vuelvo a lo que decía al principio: ¿qué pasaría si nos tratáramos mejor? ¿Qué pasaría si fuéramos más solidarixs y menos tóxicxs con nosotrxs? Nada especial, salvo ganar mucha paz mental y puede que también felicidad. En mi caso, y dado que en este último año he pasado por varias malas experiencias, me he acostumbrado poco a poco a intentar ser menos dura conmigo misma, a intentar machacarme menos, y la verdad es que me ha ayudado mucho mentalmente. Y, ¿qué me gustaría decirme a mí misma en estos momentos?

Oye, está bien…

… darme un capricho una vez a la semana, como salir a cenar.

…si voy más lenta que mis compañerxs de clase al hacer los trabajos del Máster.

…si voy a mi ritmo con las cosas de la carrera.

…quedar con mis mejores amigas para poner verde a quien se nos antoje.

…si sufro ansiedad. Mucha gente más la sufre, aunque supongo que en silencio, como las hemorroides.

…si tomo medicación. Me está ayudando a pasar esta temporada y a tirar hacia delante.

…si voy a la psiquiatra. Ya es hora de desestigmatizar las enfermedades mentales. No pasa nada de nada.

…si me paso una tarde entera viendo documentales sobre Amy Winehouse y me muero de pena porque ojalá no hubiera probado las drogas.

…si llego tarde. No es plan de que me dé más ansiedad.

…si evito ir a eventos o estar con gente que me causa ansiedad o que no me respeta (en cualquier sentido). Mi salud mental y mi bienestar van antes.

… si digo lo que pienso con educación.

… si me pongo nostálgica o triste cuando pienso en Fújur o en Londres.

Y tú, ¿qué te dirías a ti mismx?

Feliz Navidad.