Orphan Black: El matriarcado era esto

Mes y medio es lo que he tardado en ver la serie completa de Orphan Black (BBC America/Space). Una ficción que me parece se ha infravalorado e ignorado en algunos medios de comunicación (al menos en los españoles, que son los que más conozco), algo que no deja de sorprender por la riqueza de los personajes, la magistral interpretación de Tatiana Maslany haciendo de más de 12 mujeres diferentes con una atención al detalle increíble (a veces una puede dudar de que sea todo el rato ella misma la intérprete de todas las clones), las tramas y la original historia, a la vez vehículo para un mensaje realmente potente y necesario, visible a quien pueda y quiera ver (esta última parte es importante).

A veces me he preguntado si es acaso este manifiesto reivindicativo de fondo el verdadero problema para que Orphan Black no haya copado más conversaciones en redes sociales que Juego de Tronos, más reportajes en televisión o más análisis en prensa. La serie no se anda con rodeos, si bien la palabra maldita (esa ante la que tantas personas de frágil ego y enfermizo deseo de protagonismo huyen despavoridas al verse por una vez excluidas de una narrativa) aparece pocas veces: es una ficción puramente feminista, algo que se palpa ya explícitamente en la última temporada, en la que escuchamos de las bocas de los personajes (tanto masculinos como femeninos): the future is female. Y lo gozas, no veas cómo. Los clones, amigas, amigues y amigos, son solo una excusa. Y una excusa perfecta.

Sarah Manning, la antiheroína de la historia, y sus hermanas (o también, clones) luchan no solo por su liberación de una compleja corporación que experimenta con personas: plantan cara a la avaricia final de una cúpula que solo busca su propio beneficio y el mantenimiento de unos privilegios, los suyos, que las tiene atadas de pies y manos, incluso sin saberlo. Sarah, Cosima, Alison, Helena y en su momento Beth, Krystal y M.K se enfrentan sin medios, sin riqueza, sin poder y sin toda la información necesaria contra la estructura que las oprime física, reproductiva, social y mentalmente. Como colectivo discriminado y sin apenas derechos (la patente, la dichosa patente) y con todas las de perder, simplemente se unen y poco a poco van trazando un plan, como pueden, para hallar la cura de la enfermedad que les afecta y para que, sencillamente, dejen de controlar su vida y dejen de ser tratadas como una propiedad, un juguete, un experimento o incluso un arma (vaya, esto suena familiar, ¿no?). Y ocurriendo lo imposible: que hasta Rachel, la clon privilegiada, se dé cuenta de que a ella también la han utilizado y tome conciencia de clase.

Contra todo pronóstico, una pequeña parte de las hermanas (la lista inicial habla de la existencia de 22 clones) logra contactarse, conocerse y establecer lazos entre ellas. Logran humanizarse, afectarse y quererse. Algo que, sin embargo, no ocurre con la línea masculina de los clones, el proyecto Castor, quienes fracasan en su intento de sobrevivir y unirse a su propia causa, la de su liberación, si es que logran tomar conciencia de ello y lo intentan. Y es que la libertad y el hermanamiento gusta poco a Neolución y más concretamente a sus fundadores y perros del sistema, quienes hasta ese momento habían podido vivir su cómoda existencia a base de chuparles la sangre (casi literalmente) a Leda y Castor y coartar su libertad. Porque lo que no se esperaban era que un colectivo inicialmente alienado y desconocedor de su situación pudiera llegar a tomar conciencia de su opresión y además, se atreviera a enfrentarse a ellos, sus mismos creadores. Su amado proyecto Leda, al traste.

Orphan Black es una serie de personajes femeninos reales. Niñas, adultas, ancianas, madres y no madres, más o menos inteligentes, más o menos poderosas, más o menos buenas, más o menos pacíficas, más o menos alienadas, con más o menos intereses. Personajes con peso real en la historia, protagonistas totales con sus propia identidad única, con sus propias tramas y sus deseos. Personajes que muestran todas las caras de lo diferentes y completas que somos las mujeres y cómo nuestra existencia es igual de plena, importante e interesante sin o con personajes masculinos a nuestro alrededor, con o sin descendencia. Una verdadera hermandad que contempla a las demás como compañeras, hermanas, familia, y que incluye en su vida y ama a aquellos hombres que respetan su libertad y su naturaleza, sea la que sea. En este sentido, sorprende y es de agradecer el papel secundario de los personajes masculinos, que ayudan y acompañan a las Leda en su gesta, encumbradas por el guión y la producción en heroínas de la ficción de nuestro tiempo. No faltan motivos, pues, para añadir esta genial serie de ciencia ficción a tu serieteca de culto y, desde luego, para darle más reconocimiento y espacio en los medios de comunicación. Pero es que, jopetas, es feminista.