Hej! – Ni tan mal

La importancia de admitir que necesitas ayuda

La última vez que escribí fue hace casi un mes. Entonces, digamos que no las tenía todas conmigo, no estaba muy entera. Bueno, en realidad, y ya que estoy intentando ser sincera, lo diré: estaba metida en un buen pozo y lo había estado durante muchos meses, sólo que yo no había sido capaz de verlo. Supongo que quizá porque aún existe mucha falta de información con rigor, sin tintes sensacionalistas o que infundan temor en la gente, porque hay mucho desconocimiento y mucho estigma aún en torno a las enfermedades mentales simplemente por los prejuicios y dicha subinformación, las personas en general tienden a esconder lo que les ocurre, o a no hablar de ellas, a reducirlas a su círculo de confianza. O incluso a veces, ni eso.

Tengo la suerte o la desgracia, según como se mire, de no tener mucha vergüenza y no importarme hablar claro de las cosas. De hecho, siempre me ha gustado ser natural, tratar con naturalidad cualquier tema, y aprecio mucho cuando la gente es natural y humilde conmigo. Creo que son grandes virtudes y quizá pueda parecer una tontería, pero no son tan comunes de encontrar. El caso es que desde hace algo más de un año, quizá desde febrero de 2016, he estado yendo para abajo sin pausa pero sin prisa. En agosto-septiembre estaba anímicamente exhausta, y quizá también físicamente. Para noviembre, ya no era yo. Y para febrero, ya no era ni persona. La depresión y la ansiedad se habían instalado en un pequeño pero poderoso rincón de mi cabeza de forma indefinida y yo apenas me había dado cuenta. Y para marzo, sencillamente toqué fondo. Por muchos motivos.

¿Y qué paso luego?

A veces, hasta que alguien de fuera no te despierta, no te descubre lo que te está ocurriendo, no te das cuenta realmente de la gravedad o siquiera de la existencia precisamente de lo que te pasa. A veces simplemente no eres capaz de salir de ti y ver que algo no está bien. Y yo doy gracias de haber tenido a mis personas del alma (amigas, pareja, papis) que justo porque me quieren me han despertado de una hibernación tremendamente larga y triste. Y también doy gracias, como he dicho antes, de ser una persona que no le teme a los prejuicios de esas otras personas que en su penosa ignorancia se atreven a pensar que estás loca o a reírse de ti. Esas personas me dan mucha lástima porque no sé qué harán en cuanto el tiempo las ponga en su sitio o les mande de regalo una pequeña crisis mental.

Desde el 23 de marzo voy a una psicóloga. Y me encanta ir. Es encantadora, inteligente y muy didáctica. Gracias a ella estoy aprendiendo y aplicando en mi vida herramientas para que el pánico no me paralice, para que controlar el inútil y malísimo overthinking, para salir de mí y ver las cosas desde fuera, con perspectiva, y, en esencia, para ser consciente de mí, de mi existencia y de mi valor, y creer en ellos de verdad y defenderlos, y no volviendo a permitir que el resto los desprecie. Puede que resulte una nimiedad o una obviedad como una casa, pero a veces, en esta sociedad extremadamente apoyada en un neoliberalismo tóxico, nos podemos llegar a olvidar de que somos personas, que somos seres vivos, y no instrumentos, números, medios para que los demás consigan dinero, beneficios, o cualquier otro tipo de resultado. Somos personas, y deberíamos buscar nuestro bienestar, lo que nos da equilibrio, lo que nos recuerda nuestra dignidad, amor, amistad, todo eso que en realidad necesitamos y a veces apreciamos tan poco.

Por otra parte, desde el 20 de marzo me han subido la dosis de medicación. Tomo Deprax y me va de cine. Porque por mucho que le pese a la gente antipastillas y promilagros que aparecen de la nada, la medicación ayuda, funciona y es necesaria. La depresión no se cura con que te dé el aire, con salir a correr o sólo rezando (¿quién no ha oído en su vida tú lo que necesitas es hacer ejercicio/que te dé el aire/estar contenta/etc? LOL, penoso), como me han llegado a sugerir. Dios no quiera que les pille una cosa así, la verdad, porque me temo que de aplicarse sus consejos no saldrán del hoyo en la vida. En fin.

¿Y ahora? Ni tan mal

Ni tan mal. Yendo y viniendo de Suecia, yendo y volviendo de clase, estudiando, escribiendo, dibujando, queriendo, hablando. Y con la certeza y la tranquilidad de saber que en septiembre probablemente (nunca nada es seguro) empieza una nueva vida para mí, en un país que me ha sorprendido y me ha gustado más de lo que imaginaba, y con un sinfín de oportunidades que se me abren. Porque me he sorprendido enamorándome de la tranquilidad, de la paz que da vivir en medio de la naturaleza, de un estilo de vida en el que se defiende y protege de verdad la calidad de vida de la gente. Y sobre todo, más tranquila y más contenta, y más consciente de mí.

Nota final: Sólo me gustaría subrayar que los milagros no existen. Pero si se tiene la firme intención de cambiar realmente se puede mejorar bastante. En sólo 3 semanas he logrado volver a recuperar mi alegría y mis ganas de seguir adelante, aunque no sin mucho esfuerzo y mucha fuerza de voluntad, y no sin tener en cuenta que los altibajos no se van a ir por completo hasta de aquí un tiempo y que no se puede esperar estar todos los días al 100%; esto requiere paciencia y cariño por una misma, también por parte de tu entorno. Y teniendo muy presente que esto es una carrera de fondo, sin fecha de fin concreta. Finalmente, ésta es mi experiencia. Cada persona tiene un tiempo, un ritmo y unas circunstancias distintas. Yo he sido afortunada en ver tan pronto señales de recuperación.

I alla fall, hej då och glad påsk

1 comentario

  1. […] mi anterior y revelador post dejé caer que mi vida iba a cambiar pronto. En realidad, os voy a confesar ya ha cambiado. He […]

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