Lo que llevo en mi mochila

Hoy cumplo 28. No sé si os resultarán muchos o pocos años, todo dependerá de la edad que tengáis. En mi clase, por ejemplo, ayer no se creían que fuera tan mayor. De hecho, me dijeron que me echaban 22 (su edad, básicamente). Yo me pegué una buena risa, y debo admitir que también me halagó que aparentemente esté hecha una moza. Igual es por los granitos que me salen últimamente del estrés, no lo sé. O igual es porque no escondo a mi niña interior, que a veces también se descontrola y exclama cosas como “¡es como la universidad bovina!” ante la sorpresa del resto (no, nadie sabía lo que era esa universidad, lo cual me pareció un poco triste, y al pequeño Jimmy, más).

Para mis padres, por otro lado, a mis 28 soy una niña y probablemente lo seguiré siendo toda la vida. De hecho, últimamente sus regalos consisten en peluches, aunque debo decir en su defensa que los adoro y nunca se tienen suficientes. Y, a todo esto, ¿cómo me siento ahora mismo? Es una pregunta difícil de responder. Por eso, haré uso de una metáfora que tomaré prestada de alguien a quien tengo mucho aprecio: la mochila. La mochila como símbolo de las cargas o el peso que llevas, lo que has vivido, lo que te ha afectado o lo que no. Tu background y tus experiencias hasta la fecha, fundamentalmente. Y yo, ¿qué llevo en mi mochila? Muchas cosas, buenas y malas.

Lo que llevo en mi mochila

Para que comprendáis un poco mi estado actual y de paso comprenderme yo misma, haré lo siguiente: consideraré que en mi mochila llevo 28 kilos, por aquello de los 28 años. Y de esos 28 kilos se podrían extraer las siguientes cositas:

Negativo

  • 4 kilos/años de pubertad un poquito mierder. Fui la primera de clase en tener la regla y, de repente, había pasado de ser una niña feliz a no entender lo que pasaba con mi cuerpo y que fuera diferente a las demás. También pasé a experimentar la objetivización del género femenino en cuanto me salió pecho. A los 11 ya tenía que aguantar miradas y comentarios gratuitos, que no había pedido y que no quería, de hombres que pensaban que tenían derecho a ello. Cosa que sigue pasando a día de hoy, con la diferencia de que les contesto y sermoneo y de repente, ay, nadie ha dicho nada, me voy que tengo prisa.
  • 7 años en los que la concepción del amor que me habían inculcado me afectó hasta tal punto que viví relaciones verdaderamente tóxicas y machistas, y que me causaron mucho sufrimiento.
  • 3 años de experiencias laborales precarias, sin derechos ni sueldo digno.
  • 5 meses y medio de no tener apenas tiempo para descansar por un máster que, aunque me gusta, me agota mentalmente.
A ver, que me sitúe en mi vida LOL

Positivo

  • 10 kilos de felicidad infantil. Hasta los 9 todo fue más o menos normal en mi vida y me lo pasaba bien en el cole, imaginándome cosas, dibujando, etc.
  • 4 años variopintos en el instituto, en los que me lo pasé muy bien con mi grupo de amigas y amigos. Pero también donde comencé a tener trastornos alimentarios, que me durarían hasta los 24 años aproximadamente.
  • 24 años de amistad incondicional con mi mejor amiga. 14 con otras muy buenas amigas y amigos.
  • 28 años de amor de mis padres, como han sabido.
  • 7 años de amor filial peludo y molloso por parte del Rey Suavín.
  • 2 años y medio (aprox) de amor sano y positivo con Edgar, con el que además he aprendido muchas cosas.
  • 10 matrículas de honor en mi segunda carrera, con una media de sobresaliente.
  • Un CV guay y versátil, a pesar de que en la mayor parte de las experiencias no me pagaran ni me dieran feedback alguno por mi trabajo. Y de las gracias, ya ni hablamos.

¿Y bien?

A pesar de las cosas negativas que a una le puedan pasar en la vida, de los obstáculos y las malas experiencias se pueden extraer lecciones muy importantes a veces (no digo siempre, porque eso de de todo se aprende no es una norma y en ocasiones puede resultar hasta tóxico). Sí que es cierto, por ejemplo, que he aprendido mucho más de mis errores que de mis aciertos. Y debo añadir que de las experiencias negativas que menciono, sólo me afecta actualmente la última (el resto están de sobra superadas).

Soy una persona completa a día de hoy, y tengo la tranquilidad de haber tomado las decisiones que creía adecuadas en cada momento dada la información que tenía. También tengo la tranquilidad y la seguridad de estar siguiendo el camino que me gusta y que más disfruto. No obstante, sí que hay días en los que mi estado de ánimo es resultado de un mezcladillo en el que la ansiedad y las ganas de finalizar esta etapa campan a sus anchas (demasiada carga de trabajo últimamente entre carrera y máster), si bien otros días puedo disfrutar de mis amigas y amigos sin estar estresada.

Y ustedes, ¿qué llevan en sus mochilas?