La historia de Fuyur

Fuyur <3

Estaba atemorizado, en medio de un cruce particularmente peligroso de la avenida General Urrutia de Valencia. En un trozo de acera entre la que se encuentran dos pasos de cebra pocas veces respetados por conductores y conductoras, mi novio y yo lo encontramos, encogiéndose y agachándose ante nosotros por el miedo. ¿Quién temería a dos personas inofensivas? Seguramente alguien que hubiera sufrido de parte de humanoides (que no humanos) un trato poco afectuoso.

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Tenía el sufrimiento escrito en sus ojos. Y nuestra presencia lo asustó tanto que, de hecho, se lanzó corriendo al mortal paso de cebra ante el cual, efectivamente, un coche casi lo atropella delante de nuestro corazón encogido y de la impasibilidad de una familia aparentemente módelica, madre, padre e hijo adolescente, que pasaba de largo por nuestro lado. Huyó corriendo y giró su cabeza, mirándonos. No podíamos dejarle solo y así de asustado. Tras la escena, que nos dejó con un nudo en la garganta, Edgar fue detrás de él para encontrarlo, cogerlo y subirlo a casa. Para nuestra sorpresa, su padre le dejó y eso había que aprovecharlo.

No conocíamos de mucho más al señor perrito, al que yo llamé Fuyur (bueno, en realidad el nombre fue más idea de mi amiga Marina, que vino a ayudarnos enseguida). La poca información que podíamos deducir de su descuidado aspecto era que se trataba de un perro abandonado: no tenía collar a pesar de contar con una marca que delataba que en algún momento sí lo tuvo. Se encontraba totalmente desorientado, no sabía dónde estaba. Y también: estaba tremendamente asustado. Tanto, que habría que ser una desalmada para mirarle a los ojos y no sentir nada, no querer ayudarlo, no querer notar su existencia. Y sin embargo, mucha gente de este calibre habría visto a Fújur durante el tiempo que llevaba en la calle porque si no, no nos lo habríamos encontrado ayer a las once de la noche deambulando perdido y angustiado por el Barrio de la Plata.

Demasiada gente que pasa de largo

¿Qué le habría pasado a Fújur en su anterior vida? ¿Dónde estaban las personas que lo dejaron tirado? ¿Qué clase de gente haría eso con un ser vivo que siente? ¿Qué clase de maromo pasa de largo ante un animal que da tanta lástima? Por desgracia, demasiada gente. Demasiada. Y es algo que me aterra desde hace tiempo. Nuestra sociedad sufre de algún tipo (o muchos tipos) de psicopatía. No os engañéis, el psicópata no es sólo el asesino en serie con el que trataba cada día el equipo de CSI. Y tampoco hace falta matar o ser un criminal para serlo. De hecho, con cumplir con la mayor parte de las siguientes características enunciadas por Cleckley y Hare digamos que ya puedes contarte como una persona de tendencias psicopáticas:

  • Inteligencia y encanto superficial.
  • Ausencia de delirios u otros signos de pensamiento no racional.
  • Ausencia de nerviosismo o manifestaciones psiconeuróticas.
  • Escasa fiabilidad.
  • Falsedad o falta de sinceridad.
  • Falta de remordimiento y vergüenza.
  • Conducta antisocial sin un motivo que la justifique.
  • Juicio deficiente y dificultad para aprender de la experiencia.
  • Egocentrismo patológico y carencia de empatía.
  • Crueldad e insensibilidad.
  • Incapacidad patológica para aceptar responsabilidad sobre sus propios actos.
  • Afectividad frívola, con una respuesta emocional superficial.
  • Pobreza generalizada en las principales relaciones afectivas.
  • Tendencia a mentir de forma patológica.
  • Comportamiento malicioso y manipulatorio.
  • Pérdida específica de intuición.
  • Insensibilidad en las relaciones interpersonales generales.
  • Estilo de vida parasitario (aprovecharse de los demás para no trabajar).
  • Conducta extravagante y desagradable bajo los efectos del alcohol y, a veces, sin él.
  • Incapacidad para seguir cualquier plan de vida.

No nos engañemos. Encontrarte con una persona con varias de las características descritas no es tan raro. De hecho, yo me he cruzado con varias así este año. Y ante estas cosas es inevitable hacerse muchas preguntas existenciales. ¿Qué nos pasa como sociedad? ¿Por qué el ser humano tiende a ser tan egoísta? ¿Cómo tantas personas pasan indiferentes ante lo que sucede delante de sus ojos? ¿Cómo es posible que haya tanta gente sin empatía? ¿Cómo es posible que haya tanta gente que no sienta? ¿Nos hemos hecho inmunes al sufrimiento de los demás?

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Sinceramente, no creo que seamos malos por naturaleza. Nadie lo es. El ambiente, las circunstancias que vivimos nos determinan para ser de una forma o de otra. Pero independientemente de eso hay algo que es común en todos nosotros: la educación que se nos da desde las aulas y desde los medios de comunicación de masas de cualquier tipo (telediarios, prensa, programas de radio, series, cine, etc.). En este sentido, esta educación sigue siendo deficiente en aspectos tan esenciales como los valores. De hecho, por ejemplo, todos sabemos que una parte de la sociedad española sigue pensando que los animales no son nada más que animales, una parte sigue pensando que se exagera y que las penas para la gente que los abandona o maltrata no son importantes. Como en tantas otras cuestiones que afectan a nuestro país, el problema está en cómo nos educan. Si en casa no se recibe una educación decente, si en el cole sólo importan tus notas y nada más y si desde los medios no se hace mucho por concienciar, poco harán los parches.

Fuyur está bien

El perrito Fuyur está bien. Está en casa de Edgar y poco a poco está empezando a comer. Lo hemos sacado a pasear y ya se deja acariciar. Pasado mañana viene a verlo una veterinaria porque anda raro y por ahora sabemos que puede estar en esa casa unos días. Lamentablemente, no podemos quedárnoslo. Por eso, te agradeceremos que si conoces a alguien de Valencia o cualquier parte de España que pueda estar interesadx en acogerle permanentemente y darle un hogar, le digas que se ponga en contacto conmigo lo antes posible 

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Y a continuación os dejo con más fotos para que veáis lo guapi que es.

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