Por qué “Hasta los Huesos” es problemática

El pasado viernes 14 de julio estrenaron Hasta los huesos, la esperada película de Netflix en la que Lily Collins da vida a una paciente de anorexia. Lo de esperada no lo digo por mí, sino por el bombo que se le ha dado estos últimos meses en los medios de comunicación y por la campaña de marketing que suele acompañar a los estrenos de la plataforma de series y pelis online. Y esperada supongo que también por el morbo que trae consigo debido al tema que trata: los trastornos alimentarios.

Tenía ganas de verla no tanto por la historia sino por ver si realmente este tema tan delicado había sido tratado más o menos bien, algo que hasta ahora ha fallado bastante en la ficción y en general en los medios, que tienden a tirar de estereotipos que no ayudan a entender nada de nada, salvo honradas y muy dignas excepciones como lo fue en su momento el personaje de Cassie en la serie británica Skins. Hasta hoy, no he visto nada mejor. Y eso, incluyendo Hasta los huesos.

Tras leer varios reportajes, me consta que la película se ha hecho desde una buena intención. En este sentido, por ejemplo, Lily Collins, que sufrió anorexia en el pasado, se preocupó por que su actuación fuera realista. Su actuación no tiene, de hecho, nada que se le pueda reprochar. Tampoco la del resto de actores. Por otra parte, la directora misma de la cinta, Marti Noxon, quien también padeció esta enfermedad durante años, se esforzó por un retrato que fuera comprensible para el gran público y que de alguna manera concienciara de un problema que afecta a muchísimas personas. No obstante, como ex paciente de TCAs no he podido evitar observar en Hasta los huesos algunos aspectos que la hacen, nunca mejor dicho, problemática.

7 aspectos que fallan en Hasta los huesos

Fuente: Netflix.

El eterno estereotipo de la chica en los huesos

Se vuelve a recurrir al sufrido cliché de la chica que está escuálida para mostrar una enfermedad que sufren personas cuya apariencia a menudo no es la de Elle, la protagonista de la película. Esto es problemático en el sentido de que, quizá, personas con una apariencia más o menos normativa o que cumple con nuestro canon de sano no sean diagnosticadas o, incluso, no sean creídas o tomadas en serio si dan el paso de contarlo y pedir ayuda. Asimismo, esto puede hacer que personas muy delgadas por constitución reciban comentarios de forma continua cuestionando su salud.

Lily Collins tuvo que adelgazar para el papel

Por el mismo motivo de antes, el del (ab)uso del estereotipo de la chica en los huesos, Lily Collins tuvo que perder peso para el papel. Si bien se hizo de forma controlada y bajo la supervisión de especialistas, esto no deja de ser problemático porque, en realidad, no habría hecho falta mostrar a una chica en un estado tan extremo pues, como he dicho en el punto anterior, son muchas las personas que sufren anorexia y que no cumplen con la imagen que nos han inculcado. Además, con esto se ha puesto en riesgo la salud de una actriz. Porque mucho que el proceso estuviera bajo control, en Hasta los huesos se observa a una Lily Collins totalmente en infrapeso, y eso muy bueno para la salud, no es.

La dicomotía bonito/feo

En Hasta los huesos recurren en varios momentos a la dicotomía bonito/feo para referirse a los cuerpos. La madrastra, tras hacerle una foto con el móvil y mostrársela, le pregunta a Elle si acaso piensa ella que lo que ve es bonito. Más adelante, una vez en terapia, la madre de Ellie le dice que está horrible. Y aunque ciertamente un cuerpo demacrado y enfermo nos produzca rechazo, el objetivo nunca es ni debería ser “lo bello”, sino lo sano para cada unx de nosotrxs, que nunca suele ser lo mismo para todxs. La meta no debería ser tener un cuerpo normativo para que nos acepten socialmente, sino simplemente tener un cuerpo que nos sirva para poder vivir.

La fijación por el peso

Otra forma más en la que el estereotipo de paciente con anorexia campa un poco a sus anchas en la película. Si bien es cierto que cuando estás en tratamiento te controlan el peso (y aquí va un error de la cinta: normalmente, siempre te pesan del revés para que no veas lo que marca la báscula ni te obsesiones con ello), en Hasta los huesos se hace mucho hincapié en este tema, cuando, una vez más, un peso que para una determinada persona puede ser poco, para otra puede resultar que es su peso normal. Mi normopeso no va a ser el mismo que el de mi amiga o que el tuyo, porque tenemos cuerpos distintos y una genética distinta. Lo que marca la báscula no es un indicador fiable de si una persona padece TCAs muchas veces.

La comida como solución

Hasta los huesos parece que insiste en retratar una enfermedad tan complicada como la anorexia enfocándose casi únicamente en el aspecto físico, el peso y la comida. En comer o no comer. Cuando las causas de los TCAs tienen que ver con experiencias, vivencias, antecedentes familiares, problemas familiares, problemas en el colegio o incluso abusos. Y la lástima es que se recurra constantemente al “Pues come” como solución y que no se vaya más allá en la película. La vigilancia de la nutrición es importante, y más si se está en un estado muy crítico.

Pero de nada sirve si no se profundiza en la verdadera raíz del problema, que no es la comida. La comida es solo la manera a través de la cual la persona externaliza sus sentimientos y traumas, y la manera de darles una salida. La que conocen o han aprendido. En la cinta se nos dan pinceladas de lo que podría estar causando la enfermedad de Elle, pero no se ahonda en ellas, algo que facilitaría la comprensión de aquellos que nunca han sufrido una enfermedad de este tipo.

Tratamiento solo cuando la cosa se descontrola

En varios momentos de la película se hace referencia a que el problema está controlado o a que no lo está. Y solo en este segundo caso se somete a la enferma a tratamiento. La cosa es que, en realidad, los TCAs nunca llegan a ser controlados del todo por las personas que los padecen. Pueden tener una sensación de control, porque esa es la emoción que sientes al reprimir tus instintos y tu hambre, pero esto no indica más que tenemos un problema de los grandes. Ponerse en tratamiento solo cuando la vida esté claramente en peligro no suele ser lo recomendable. Si es posible, se debe tratar cuanto antes para no quitarte tiempo de una vida que podrías estar viviendo.

Hello homophobia and misogyny, my old friends

Hasta los huesos también tiene un poco de homofobia y misoginia. Fundamentalmente, porque a la madre de Elle se la retrata como a una loca que ha perdido los papeles (poco se habla de que padece una enfermedad mental que igual le afecta a su estabilidad y de cómo su anterior etapa con un marido permanentemente ausente le podría haber afectado) y de repente rehace su vida con una mujer. Porque claro, parece que si no se le hubiera ido la cabeza, igual no se habría hecho lesbiana.

Siguiendo con la homofobia, al principio de la cinta, Elle y su hermana encuentran ridículo y cómico que su madrastra piense que es homosexual porque, ¿cómo va a ser ella lesbiana? ¿Qué locura es esa? ¡Vaya ocurrencia más fantasiosa! Y, finalmente, el personaje de Luke es asumido como gay por sus compañeras por el hecho de ser femenino y, por ese motivo, jamás es considerado como persona con la que podrían estar o tener relaciones.

Punto y final

Fuente: Netflix.

Pese a los motivos anteriores, se ha de reconocer el esfuerzo de Marti Noxon por tocar el tema de los TCAs e intentar visibilizarlos, pues no resulta descabellado admitir que gozan de poco protagonismo en los productos de ficción. Y verdaderamente es importante hablar de ellos, siendo que afectan a tantas personas y que, paradójicamente, siguen estando tan faltos de comprensión y tan desatendidos, además, en la sanidad.

Hace falta hablar también de cómo se nos bombardea constantemente con un doble discurso de “Cómete este plato tan delicioso” y “Prueba este restaurante de moda” para a continuación, convencernos de la necesidad de arreglar nuestro cuerpo con productos para adelgazar. Parece que adelgazar siempre es bueno y engordar siempre es malo. Y eso es problemático, no cabe duda.

Por último, es motivo de celebración ver otra vez a Keanu Reeves y a Lili Taylor en acción. Es hacerse mayores y borrar a la people del mapa. ¡Maldito Hollywood!