Los resultados de estos dos estudios sobre machismo en cobertura deportiva no te sorprenderán

El pasado mes de mayo se publicaron dos estudios muy interesantes sobre machismo en la cobertura de noticias deportivas y cuyos resultados venían a subrayar, una vez más, el cambio tan urgente que necesitamos a nivel global en cuanto a la forma de informar acerca de mujeres deportistas y sus logros. En A Content Analysis of Microaggressions in News Stories about Female Athletes Participating in the 2012 and 2016 Summer Olympics (Análisis de contenido de microagresiones en noticias sobre atletas femeninas durante las Olimpiadas de 2012 y 2016), de la profesora de Comunicación Estratégica de la Universidad de Missouri Cynthia Frisby y la estudiante Kara Allen, se compararon un total de 723 artículos de revistas y periódicos para averiguar si algo había cambiado respecto a los Juegos de Londres 2012. Y sí que lo ha hecho. Vaya que sí.

Y si bien no debería sorprendernos, uno de los datos más destacados del estudio es que las microagresiones por parte de los medios aumentaron en las pasadas Olimpiadas de Río 2016 en un escandaloso 40%. Pero antes de seguir cabe preguntarse, ¿a qué se refieren con ese término? ¿Qué consideraron las investigadoras como microagresiones? Como se lee en el estudio, “las microagresiones son todas aquellas humillaciones verbales, comportamentales o ambientales que, realizadas tanto de forma intencionada como no intencionada, transmiten desprecios o insultos hostiles, peyorativos y negativos respecto a la raza, el género o la orientación sexual de la persona o grupo al que van dirigidos” (Allen, Frisby, 2017). De este modo, y tal y como siguen las investigadoras, “las microagresiones en cobertura noticiera de mujeres deportistas crean pues un ambiente sexualizado, hostil y despectivo para las atletas”.

Fuente: Pexels.

Ponerle nombre a las cosas ayuda a hablar de ellas, a visibilizarlas y a concienciar para así poder trabajar en las soluciones. En la definición anterior no encontramos nada nuevo bajo el sol. Las microagresiones (también conocidas en España como micromachismos) no son un fenómeno extraño paranormal ni excepcional. Estamos tristemente habituadxs al sexismo en el tratamiento de la información. Y si esta es deportiva, aquí el asunto ya se suele salir de madre e irse hacia temas que poco tienen que ver con trayectorias o logros deportivos, como el aspecto físico de la deportista, su vida amorosa o la maternidad. Esto lo comprobamos bastante gráficamente el año pasado, también durante las Olimpiadas de Río. En este sentido, desde distintos medios se señaló la vergonzosa cobertura que se estaba realizando, entre ellos, eldiario.es (La cobertura más machista de los Juegos OlímpicosMachismo, medios y deporte: ellos fuertes y ellas solteras o De una “Hércules con maquillaje” a “una madre de oro”, los titulares más machistas de los JJOO, SModa (Los 10 titulares más machistas de los Juegos Olímpicos de Río) o El Huffington Post (El sexismo, protagonista involuntario de los Juegos de Río). Estamos pues ante un problema que escapa a nuestras fronteras y que parece que no se toma en serio hasta que vuelve a publicarse otra noticia que enciende de nuevo la polémica.

Dicho esto, y siguiendo con el estudio, Allen y Frisby (2017) encontraron que, mientras que en las Olimpiadas de 2012 se detectaron 69 microagresiones, estas ascendieron a 96 en las de 2016. Más concretamente, se hallaron 4 casos de objetificación sexual, 26 casos en los que se trató a las deportistas como ciudadanas de segunda clase, 44 casos de lenguaje y bromas machistas o racistas, 61 casos de restricción respecto a roles de género y 30 casos de focalización en el físico de las atletas y sus cuerpos. Finalmente, las investigadoras también hallaron que estas mircroagresiones aumentan en deportes considerados tradicionalmente masculinos como la halterofilia, el baloncesto, el powerlifting o el wrestling. Otro penoso dato nada sorprendente que se extrae del estudio es que estas agresiones ocurren con más frecuencia si la deportista en cuestión es negra. Dato que enlaza con el segundo estudio al que hacía alusión, realizado en este caso solo por Frisby (2017), y centrado en comparar las microagresiones recibidas por deportistas blancas o negras, cogiendo como modelos a Serena Williams y Angelique Kerber (A Content Analysis of Serena Williams and Angelique Kerber’s Racial and Sexist Microagressions – Análisis de contenido sobre microagresiones sexistas y racistas hacia Serena Williams y Angelique Kerber).

Fuente: India.com

De nuevo, la investigadora discute sobre el lamentable hecho de que, en nuestra cultura, las mujeres sigan siendo valoradas únicamente por su físico, incluso en ámbitos como el del deporte. Porque la verdad es que sigue sin tener sentido alguno que, aún hoy, a una victoria se le quite hierro, que ocupe un lugar más pequeño en la portada (si sale en portada), se describa con tono paternalista o se eclipse por la excesiva atención al cuerpo de la atleta. No lo tiene, no hay excusa. Y como se lee en A Content Analysis of Serena Williams and Angelique Kerber’s Racial and Sexist Microagressions, si resulta que la deportista es negra, peor aún, porque entra en juego el racismo en la cobertura de la noticia. Salirse de los moldes, los estereotipos y los roles de género que tan fervientemente se nos inculcan, tiene precio: el desprecio y el ataque de aquellos cuya inseguridad les hace sentirse atacados constantemente.

Pero vayamos a los números, que son los que más hablan: en este estudio, Frisby examinó 643 noticias sobre las tenistas Williams (número 4 del ránking WTA, estadounidense y negra) y Kerber (actual número uno del WTA, alemana y caucásica) de entre enero de 211 y diciembre de 2016 para observar la cantidad de agresiones recibidas por cada deportista. La investigadora halló 758 casos de microagresiones hacia Serena Williams y solo 18 hacia Angelique Kerber en los textos. Y mientras que para Williams se utilizaban en prensa términos peyorativos tanto sexistas (respecto a su físico, considerado feo, masculino, demasiado musculoso y salvaje, entre otros) como racistas (uso de palabras como “gorila” y construcciones eufemísticas para subrayar su condición de ciudadana de segunda), a Kerber se lanzaban mensajes sexistas que aludían normalmente al estereotipo de rubia tonta.

Fuente: Youtube.

La pregunta que a mí me suscitan todos estos datos (recomiendo leer ambos estudios, no tienen desperdicio) es qué se puede hacer para que este mundo deje de atacarnos por vivir nuestra vida, sea de la forma que sea. Y más específicamente, qué se puede hacer para que la prensa deje de tratarnos tan a menudo de esta manera tan rancia y lamentable, seamos deportistas, políticas, escritoras, directoras de cine, etc. En el mundo ideal, lo más fácil sería que estas personas que escriben con tanto poco respeto dejaran sus sillas. Que los señores que se empeñan en no ceder un espacio que nos pertenece a todxs fueran sustituidos por gente que no promueve el mal gusto y la discriminación. Pero siendo realistas, sabemos que aunque haya tantas y tantos periodistas preparados en paro o cobrando una miseria de falsos becarios o falsos autónomos, esto no va así. En esta linea, Frisby (2017) recomienda, por ejemplo, la formación en periodismo y en medios, poner atención y diferenciar qué es relevante y de interés público y qué no, poner atención al lenguaje o comprometerse públicamente (y también en la práctica) a una comunicación no discriminatoria. La verdad es que complicado no parece, ¿no?


One Reply to “Los resultados de estos dos estudios sobre machismo en cobertura deportiva no te sorprenderán”

  1. […] Otros datos interesantes que se extraen del Anuario son los que tienen que ver con las motivaciones o razones para hacer deporte. Una vez más, leemos diferencias entre sexos que nos dan una idea del tipo de prejuicios que nos inculcan y las presiones que se siguen ejerciendo sobre nosotras. En esta línea, destaca que solo un 18,4% de las mujeres encuestadas hacen ejercicio por diversión o entretenimiento (casi 9 puntos menos que los hombres), y que solamente a un 8,3% les gusta el deporte (más de 6 puntos menos que en el caso de los hombres). Puede que estos datos tengan algo que ver con el poco fomento del deporte en las niñas, adolescentes y adultas, añadido a la insistencia con la que tantos medios de comunicación siguen transmitiendo que el deporte es una cosa más de hombres que de mujeres (a la poca visibilidad de las deportistas y sus logros me refiero y también al sexismo con que se suele tratar en el caso de incluirlas en sus páginas). […]

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