Me apetece hablar de cosas bonitas

Me apetece hablar de cosas bonitas, mucho. De cosas que hagan sonreír o que me (nos) provoquen la risa, de esa que incluye carcajadas y hace que te duela la barriga. Como cada vez que estoy con Marina, sean las que sean las circunstancias con las que nos hayamos juntado. Porque creo que nada hace sentir mejor que pasarlo bien cuando puedes.

Pongamos que hablo de una tarde de domingo. O una tarde o noche de sábado. Una en la que descubrir videojuegos cutres o raretes pero que luego resulten ser una joya de la crítica, como The Neverhood. Una en la que perdernos por la carretera porque soy un poco torpe y no he sabido orientarme bien y guiarle con el GPS. O una en la que, ya hace bastantes años, nos metiéramos en el portal de aquella amiga del colegio y, al ver cómo casi me caigo, la amiga se riera tanto que se meara de la risa literalmente, con la pierna escayolada. O una en la que simplemente nos vamos a pasear por el río. Cualquier rato en el que acaben saliendo las frases de siempre, las anécdotas del colegio, los motes tan crueles que hacían reír hasta el mismo objetivo de la burla o las intervenciones random de frases descontextualizadas para quitar hierro a las historias que se ponen serias. Yummy.

Me apetece hablar de aquella tarde tan rara de un 13 de julio, en la que casi me entra la risa varias veces en la playa por el comportamiento algo WTF/LOL al que aún no me tenía acostumbrada mi acompañante especial, desde entonces mi novio. De cuando, hace apenas unos meses, tuve con él una conversación totalmente absurda sobre una foca sueca llamada Martin, que acabó en que no pudiera parar de reírme como una idiota a medianoche un martes o un miércoles (que se aguanten por una vez los vecinos). Del chiste tan malo que hice del seguro dental. Del primer día que visitamos Comillas y de la noche que le di con el cocido montañés del mediodía. Del día que probamos el buffet Colonial y él lloraba porque no podía acabarse su filete de lo lleno que estaba. De cómo le he pegado lo del twerking y casi lo hace mejor que yo de forma totalmente espontánea.

Me apetece hablar también de las cosas tan insólitamente divertidas que le pasaban a mi madre cuando iba a trabajar, normalmente en el autobús. O de cuando ella y mi tío repiten las anécdotas tan trambólicas de la familia de Alcoy. Del “És precís” de la yaya. De cuando mi padre y yo jugábamos a la tarántula, a la tortura china o al lanzamiento de calzoncillo sucio, que yo debía esquivar a toda costa para que aquello no me tocara. De cuando le llevaba en brazos o al caballito, porque se ve que yo siempre había sido una niña muy forzuda. O de cuando mi hermano y yo nos poníamos Megatrix y yo en secreto también disfrutara viendo Spider Man. O de cada Noche de Reyes cuando yo, asustada de que unos señores mayores desconocidos entraran en casa porque sí, dormía con mi hermano, que entonces se olvidaba de su imagen dura de hermano mayor.

Me apetece hablar de las tardes con Carlos Alberto y los demás. De los buenos días de instituto, y los que retomamos años más tarde, cuando se volvió a convertir en mi mejor amigo. De cuando aquella compañera le estornudara en la cara, con moco incluido, y de su cara de “esto no puede estar ocurriendo”. De cuando salíamos por la noche sin ningún plan concreto, también con Luis, con Marina, y con más amigos y amigas. De aquel “Ese perro, bien condimentado, podría resultar delicioso”. De ese “¿Quieres un bocadillo de polla pero sin pan?”. O de ese “Ratitaaa” con tono abogado. Del ritmo wapo. Del negrito. De cómo María imitaba porque sí a veces a una urraca o a no sé qué pájaro.

Me apetece hablar de lo WTF de la vida. Me apetece hablar de nuestra cotidianidad y nuestras escenas compartidas en memes. Me apetece hablar de que tú y yo podamos ser felices en medio de cualquier circunstancia, siempre, o que al menos lo intentemos. Me apetece hablar de que siempre podamos ayudarnos, saber pedir ayuda y saber aceptarla. Me apetece hablar de la relación a distancia que ya he empezado con muchos de vosotrxs y de que, a pesar de todo, cuando nos encontremos nada haya cambiado <3. Me apetece hablar de lo mucho os quiero, porque nunca está de más decirlo. Me apetece hablar de lo increíble que ha sido y es la vida junto a vosotxs.