Balance de un trimestre como migrante

Emigrar tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Como casi absolutamente todo en esta vida. En mi caso, he explicado mil veces por qué me fui y por ello os dejo este link por si queréis recordarlo y así evito repetirme una vez más por el bien de todas los seres que se pasan por aquí.

Y así ha sido que en septiembre hice definitivamente las maletas y con mucho miedo pero mucha ilusión me planté en una pequeña ciudad del norte de Suecia. ¿El frío? Ya me acostumbraría. ¿Las pocas horas de luz? Suponía que también. Con los años he aprendido que, a no ser que seas una persona rodeada de privilegios, es francamente complicado tenerlo todo. Lamentablemente, la mayoría de las mortales no podemos y nos vemos ante la tesitura de tener que elegir demasiado a menudo. En los años anteriores, yo había optado por estar rodeada de la gente que quería, renunciando a poder tener estabilidad económica (sueldo, seguridad social, piso, vida adulta). Esta vez, la cosa se dividía de nuevo entre el sol y la cercanía a mis amigas y mi familia, o la certeza de poder tener un trabajo normal y, por tanto, un futuro con ciertas garantías. Y como digo, ha sido un proceso agridulce, con altibajos, con sus cosas que no cambiaría y sus otras cosas que ya tal. Y aunque tampoco llevo mucho tiempo por estos lares, podría decir que hasta ahora el balance es el siguiente:

Puntos guays de vivir en Suecia

  • La comida. Me flipa la comida.
  • La naturaleza. Una maravilla a la vuelta de la esquina, literalmente.
  • Poder cagarte en los muertos de la persona que tienes enfrente y que no se entere porque no entiende el castellano. Es una delicia.
  • El gimnasio. Hay más cultura de entrenamiento de fuerza y afortunadamente no he vuelto a ver sitios tan tristes como el McFit. No he visto aglomeraciones. Y he visto y veo más respeto.
  • Poder vestirme como me dé la gana sin recibir faltas de respeto y acoso por la calle.
  • Poder andar tranquila por la calle porque hasta el momento, puedo decir que aquí no he vivido jamás acoso callejero.
  • Conocer una nueva cultura y aprender un idioma nuevo. Eso siempre me encanta.
  • Poder vivir con Edgar porque, ojo cuidao: con el alquiler de estudiantes nos sale más barato que vivir en Valencia. Aquí puedo vivir independiente aun sin trabajo y en España no. LOL
  • La calma.
  • Los derechos de les trabajadores aquí son una realidad. Así como los salarios dignos y esas cositas tan tontas que si reclamas en España te llaman comunista.
  • La gente no roba. De hecho, nadie usa candado en las taquillas del gimnasio porque te puedes fiar. Es absolutamente increíble y liberador.

Puntos no tan guays

  • No tener a mis mejores amigas o a mi familia cerca.
  • Las pocas horas de luz en invierno. Cuesta acostumbrarse.
  • Las mil trabas administrativas.
  • Los prejuicios y el racismo.
  • La lentitud. Todo va muy lento aquí.
  • La sanidad.
  • Que te cobren por todo. Es complicado, por ejemplo, encontrar baños gratuitos en Ciudad Capital.

Veredicto

Balance positivo. Así que toca seguir. ¡Adelante, Bonaparte :-)!

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