El amor en tiempos del 3.0

Nunca hablo demasiado de mi pareja, compañero y mejor amigo, así que supongo que ésta será una excepción. Nos llevamos 5 años (yo soy la mayor), y ciertamente alguna vez he notado la diferencia de edad, sobre todo en relación a las nuevas tecnologías y a un idealismo aún más feroz y vivo que el mío.

Respecto a las nuevas tecnologías, ya le he sobrepasado con mi nivel diosa de Photoshop, Illustrator e Indesign que he acabado de alcanzar este año, aunque tengo que admitir que sus megaprogramas ingenieriles jamás los llegaré a dominar (ni falta que me hace, afortunadamente). Pero no es de eso de lo que venía yo a hablar. Mi pareja y yo siempre hemos estado muy unidos. Imagino que por aquello de ir hasta arriba de trabajo bastante a menudo, el hecho de poder compartir tu particular encierro perpetuo estudiando o haciendo trabajos (cosas que tiene la vida cuando compaginas varias facetas) durante varios años con otra persona que está igual o más jodida que tú une mucho. Por otra parte, si bien nuestros gustos no coinciden totalmente, disfrutamos de muchas cosas, como viajar, comer (sí, es una parte muy importante de nuestras vidas), ver series en Netflix o HBO y discutir luego nuestras paranoias, o hablar de cosas profundas como feminismo o nuestra futura vida rodeados de bichos peludos.

Yo tomé una decisión importante al finalizar el curso 2016: tras la peor experiencia laboral vivida desde mi vuelta a Españistán (y ya es decir mucho), decidí que tenía que darle un último empujón a mi curriculum para virar más hacia la creatividad y atreverme a hacer algo que deseaba desde hacía tiempo antes de la marcha definitiva: volver a dibujar y volver a mis raíces imaginativas, aquellas de cuando tenía diez años y quería ser pintora. Así que me embarqué en septiembre en un máster de diseño gráfico con el que estoy aprendiendo muchísimo (diseño editorial, branding, diseño web, 3D, etc.) y con el que empezaré mi ansiada nueva vida personal y profesional fuera en unos meses. A cambio, ocurriría y ocurre otra cosa: me enfrento a una buena parte de este último curso de grado + máster sola porque mi pareja está en Suecia.

Y por las razones que he mencionado antes, se hace a veces particularmente difícil tener una relación a distancia. Sin embargo, vengo a deciros que hay esperanza. Conozco casos cercanos que se pasaron un buen tiempo viviendo lejos y que a pesar de todo han sobrevivido. Y de paso, diría que el mío también podría ser un ejemplo. Por suerte o por desgracia, voy tan de culo entre semana que tengo poco tiempo para echarle de menos. El fin de semana es más duro. No obstante, los dos estamos pudiendo hacer nuestra vida sin dramas y encarando un futuro que empieza, por fin, a dejar entrever la vida que queremos llevar. ¿Nuestras herramientas? Igual suena un poquito a repipi que lo sabe todo y te da consejos sin conocerte, pero dejadme deciros desde la más absoluta humildad lo que me está funcionando a mí:

  • Hemos logrado tal sintonía en estos años que confiamos plenamente en la otra persona. No estoy hablando de exclusividad, de posesión y de ideas tóxicas y machistas que nos han metido en la cabeza. Hablo de tranquilidad de saber que la otra persona va a hacer lo mejor que esté en su mano para ser feliz ella y para cuidar la relación a la vez. Los celos aquí no tienen cabida. Va a haber amigos, amigas, etc. Va a conocer gente nueva. Y eso es bueno. Y lo mejor de todo es alegrarte por ello y desearle que lo pase lo mejor posible sin descuidar lo que tenéis.
  • Amigas. Fundamental. Un hurra por ellas y por los planes improvisados y de andar por casa. Y un guantazo para mí por haber podido quedar menos últimamente y ahora estar explotándolas tanto 
  • Hablar. Si a estas alturas no conoces las prioridades de la otra persona es que la relación que tienes probablemente no valga la pena porque alguna de las dos personas no está poniendo de su parte o no quiere poner, por la razón que sea. En nuestro caso, ya conocemos nuestras prioridades y coincidimos en ellas. Así que cuando nos llamamos hablamos de lo mismo que cuando estábamos físicamente juntos. Y de lo que estamos viviendo y haciendo cada uno por su lado.
  • Nuevas tecnologías. El 3.0 del que hablaba. Llamadas de WhatsApp y Skype. Pasarse cosas importantes como memes o fotos de chihuahuas, cobayas o perritos por Facebook o Instagram es también justo y necesario.
  • Llegar a un acuerdo para viajes. Sólo os digo que ya tengo mis billetes para Suecia estas Fallas y que en Pascua más de lo mismo. Aún no me creo que a partir de este año me libre de las Fallas, en serio. Es un sueño hecho realidad.
  • Tener un plan. Si se está pasando por una temporada en la que toca vivir a distancia, tiene que haber un final y también un propósito. Y luego querer continuar con ese futuro que queréis construir.

Hasta el momento es lo que he estado haciendo y la verdad es que nos está yendo muy bien. Sólo podría pedir orgasmos vaginales a distancia de vez en cuando, pero eso, como no uso vibrador, no es posible por el momento .