A foggy day in London town

I was a stranger in the city
Out of town were the people I knew
I had that feeling of self-pity
What to do, what to do, what to do
The outlook was decidedly blue.

But as I walked through the foggy streets alone
It turned out to be the luckiest day I’ve known.

A foggy day, in London town
Had me low, had me down
I viewed the morning, with much alarm
the British Museum had lost its charm.

How long I wondered,
Could this thing last
But the age of miracles, hadn’t passed.
For suddenly, I saw you there
And through foggy London town,
The sun was shining everywhere.

For suddenly, I saw you there
And through foggy London town,
The sun was shining everywhere.

Everywhere.

Londres es una ciudad que me fascina. Me fascinan sus edificios y me fascina la cantidad de gente diferente y de todas partes del mundo que puedes llegar a conocer. Me fascina su movimiento y a la vez la tranquilidad que puedes encontrar en algunos de sus rincones. Me fascina que puedes probar comida de casi cualquier lugar sin apenas desplazarte unos kilómetros. Me fascina su modernidad, su capacidad de acogida, su multiculturalidad, sus oportunidades.

Visité la ciudad de nuevo hace unos tres meses y me volví a enamorar de ella. Hacía tres años y medio que no la pisaba y el volver siendo una persona distinta, habiendo cambiado tanto, me permitió redescubrirla de una forma muy bonita. Este edificio en particular es el Ayuntamiento o City Hall, de Norman Foster. Siempre me ha gustado por su especial forma ovalada y redonda, y porque rompe con el resto del skyline, formado por conjuntos más altos. Y será pequeño en comparación con los demás, pero su visita debería ser tan obligada como la del Palacio de Buckingham.

No obstante, a pesar de que es una joyita de la arquitectura por dentro y por fuera, la verdad es que mejor que no sea muy visitado porque es uno de los pocos edificios no masificados por turistas que aún quedan en el centro de la ciudad. Por no mencionar la ansiedad que me dan los sitios abarrotados de gente haciendo fotos porque lo dice una guía de viaje. En fin. Prosigamos.

Hice estas fotos durante aquel viaje para un proyecto del máster y las edité hace relativamente poco. Mientras las miraba hace unos días y me acordaba del fin de semana anterior que había pasado en Barcelona para asistir a un evento de mi cuqui-prima, no pude evitar pensar en esa canción de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong sobre las emociones que te puede transmitir una ciudad según tu estado de ánimo, y según las cosas a las que te recuerdan. Y bueno, sobre la felicidad de encontrarte luego con esa persona especial (sea amiga, pareja, familia o lo que sea).

En Barcelona me sentí un poco así, como en A foggy day in London town. Salí a que me diera el aire y de repente me sentí un poco sola y triste. El tiempo no acompañaba, el cielo estaba gris y llovió horas más tarde. Y absolutamente todo me recordaba a Edgar, que ahora está en Suecia, y con quien había ido al menos las últimas cuatro veces a la ciudad condal.

Resulta obvio que no podemos depender del resto para ser felices. No obstante, en momentos de estrés, ansiedad y nervios, a veces ayuda tener a tu jerbo a tu lado (como era mi caso). Lo más sano es permitirnos estar tristes si así es como nos sentimos, permitirnos pasar esa especie de duelo, para coger impulso una vez más y seguir adelante. El domingo por la tarde ya estaba yendo a ver a mi mejor amiga. Porque no sé si lo sabíais, pero la amistad está infravalorada. Y resulta cuando menos lamentable que oficialmente sólo puedas contar a una persona como alguien de tu familia si has firmado un papel o alguien de tu familia lo ha hecho. Las amigas, las amigas del alma, siempre serán familia. Y una última cosa: amo Londres, por mucho que su cielo sea gris a menudo.