10 niñas y adolescentes de la tele que fueron un ejemplo (para mí)

Crecí en los 90 y eso, ciertamente, ha influido mucho en mi imaginario y en las cosas que me hacen feliz y me traen buenos recuerdos. Es innegable que el contexto en el que te crías es importante y, lo queramos o no, en más de lo que admitiremos somos hijas e hijos de nuestro tiempo. Yo veo chándals blanditos y cómodos para nenes, llamativos y/u horteras y la verdad es que enloquezco un poco. Escucho ese sonido del pop rosa chicle y prefabricado de esos años, y me pongo a moverme sin control. Y si recuerdo las series y las pelis que me gustaban, me asalta un sentimiento de bienestar y de “sentirme en casa” muy grande.

Si además me pongo a analizarlas, acabo encontrando casi siempre un patrón más o menos fijo. Me encantaban las ficciones que tenían niñas y niños por protagonistas (algo que me sigue gustando a día de hoy), y si eran fantásticas, mejor. Me encantaba si, al mismo tiempo, esas nenas y nenes eran algo diferentes y se movían por valores o emociones que iban contra las normas establecidas porque resulta que, oh curiosa coincidencia, con frecuencia su intuición y su comportamiento solían ser más éticos y bondadosos que esas limitantes, asfixiantes y ridículas reglas. Solían mover a pensar sobre muchos temas e invitaban a ver más allá y a intentar ser una persona auténtica, fiel a ti misma, aprendiendo a que el eterno juicio e incomprensión del resto no pudiera hacerte daño.

Soy una persona que no teme a cuidar a su niña interior. De hecho, en mi día a día no puede faltar hacer muchas tonterías, jugar y explotar el lado divertido de los asuntos. No me gusta tomarme en serio y tampoco me gusta la gente que lo hace porque esto implica, la mayor parte de las veces, que ha olvidado que en su día fue una niña y que todos somos seres que se equivocan y que viven como mejor pueden. En el momento en el que olvidamos de dónde venimos se vuelve todo mucho más gris y aburrido y, por qué no, también más justiciero y moralista, con todos los (pre)juicios que de ello se deriva. En fin, el caso es que procuro cuidar y no olvidar que sigo siendo esa niña. Y en el momento en el que la semana pasada vi que habían puesto en Netflix una versión de Ana de las Tejas Verdes, una de las series de mi infancia, sentí una felicidad tremenda.

Y tras verla, me he acordado de todas aquellas niñas y adolescentes a las que de alguna manera admiraba y que me sirvieron de ejemplo para convertirme en la persona con la que soñaba ser. Son las siguientes, en orden alfabético.

Mis 10 ejemplos de niñas y adolescentes diferentes de la ficción

1. Alicia en el País de las Maravillas

Cierto, no es una niña “real”, es un dibujo animado. Pero me enseñó que una puede estar confundida, e incluso llegar a estar un poco loca (tanto en el sentido literal como figurado), y aceptarlo de forma natural e intentar buscar y encontrar el camino que quieres o debes seguir para ser feliz. También me enseñó que la locura figurada es divertida, que el sinsentido a veces es la guinda de la vida y que aprender a vivir con ello con normalidad es apasionante y una aventura diaria.

2. Ana de las Tejas Verdes

Resuelta, independiente, apasionada de las letras, inteligente y muy capaz, Ana me enseñó que una niña puede y debe ser lo que ella quiera y no lo que la época, las normas sociales, las personas o las modas dicten. Aprendí la importancia de ser autosuficiente y de no olvidarme que no estamos incompletas, que no necesitamos a una pareja para ser personas completas y que no debemos depender de los demás para nuestra supervivencia y felicidad, sino de nosotras mismas.

3. Blossom

La verdad es que era tan pequeña cuando veía Blossom que no me enteraba las más de las veces del mensaje y las reflexiones que se podían sacar de los temas que tocaban. Sólo recuerdo que me gustaba porque, una vez más, era diferente y eso la hacía especial, que era inteligente y que sus pintas y su amistad con Six eran totales.

4. Cher

De Cher aprendí que, aunque está bien hacer cosas por los demás, aunque eso te puede hacer muy feliz, no debemos olvidarnos de nosotras mismas y de nuestra propia vida, que está ahí y también es importante. También aprendí que a veces nos equivocamos mucho prejuzgando, y que en resumidas cuentas, prejuzgar suele estar bastante feo. Y más, sin tener en cuenta o desconociendo las circunstancias y el contexto de los demás.

5. Daria

De Daria aprendí pocos mensajes positivos o esperanzadores acerca de la humanidad en general, los cuales con el tiempo quizá me han influido un poco, no lo voy a negar. Pero me han servido para ser realista al mismo tiempo, y saber que las raras, las nerds, también existimos y molamos tanto o más para que se nos dedique una o muchísimas series.

6. Lisa Simpson

Lisa Simpson me enseñó a denunciar lo que está mal y a luchar contra las injusticias sociales porque sólo así se consigue el progreso. También me enseñó que las niñas podemos con todo, igual o más que los niños, y que, como en el caso de Ana de las Tejas Verdes, somos personas completas desde que nacemos, pero nos educan para pensar lo contrario. ¡Cuánto cuesta deshacerse y desaprender el discurso del amor romántico y de los roles de género!

7. Matilda

Matilda. ¡Qué gran película! Y qué gran ejemplo. El compañerismo igual fue lo principal que aprendí de esa película. El compañerismo (ese que muchas veces se desaprende en los puestos de trabajo), la lucha interior por encontrar tu identidad y aceptarla, la compasión y que el hecho de que nadar a contracorriente no te hace rara, sino especial y valiosa. Bueno, quizá para las personas que no se esfuerzan en entender lo diferente sí, pero para las especiales, no. La riqueza que nos aporta la diferencia es tremenda.

8. Pippi Langstrumpf

Pippi me enseñó a ser una salvaje y a tener poca vergüenza. Y me enseñó la libertad que eso da muchas veces. La importancia de divertirse, lo genial de ser original y el amor por los animales fueron otras de las cosas que aprendí de ella.

9. Punky Brewster

De Punky Brewster podría decir casi lo mismo que de Matilda o Lisa Simpson, si bien en este caso ella vivía en un entorno en el que se sentía muy valorada y apreciada. De Punky Brewster me encantaban sus conjuntos, sus rarezas o sus mil lecciones, como que equivocarse a veces es bueno (no me gusta llamarlo fracaso porque es muy neoliberal), que ser pobre suele ser una mierda lo mires por donde lo mires, que la amistad es lo más o que los rollos legales son una movida.

10. Spinelli

De Spinelli aprendí que ser lo que comúnmente se entiende como poco femenina (dichosos y desquiciantes roles de género) no era malo ni anormal, que hay chicas así, que es algo habitual y que eso incluso puede molar. Bastante.

Para concluir, tan sólo me gustaría recordar lo importantes que son las referencias para crecer con autoestima y, en fin, feliz. Y que la falta de referencias que se salgan de lo normativo, lo estereotipado y del eterno binarismo de género es un lamentable error, porque de este modo, tantas niñas y niños crecen sintiéndose excluidos de la sociedad. Yo, por suerte, conté con estas chiquillas consideradas raras, pero al final siempre triunfantes. No obstante, no hay que olvidar que tampoco existen muchos ejemplos de este tipo de personajes femeninos, y más conforme las ficciones se dirigen a adolescentes y a mujeres adultas.